Ustedes, a lo suyo

ELENA MORENO SCHEREDRE

La revolución sentimental de Europa se ha puesto en marcha y ni la línea Maginot, el cordón sanitario que proponen algunos o los consejos de ministros en tierras hostiles, que cuestan miles de euros, va a pararla. Debajo de nuestras reivindicaciones, como esas fallas tectónicas de la madre tierra, corren ríos de supervivencia y sentido común; los mismos que han ido construyendo todas las civilizaciones de las que tenemos constancia. Las élites políticas y financieras empiezan a sentir la presión de un ciudadano que elige caminos inexplorados, se fragmenta, se detiene en plena vía pública demandando que alguien tenga en cuenta su insatisfacción y que acabe la demagogia. Los grandes partidos se desintegran por momentos y el menú de primer plato, segundo y postre se convierte en una carta donde el cliente, o en este caso, el votante puede elegir de acuerdo a sus preferencias.

Una Francia que no marcha en el tren de primera clase fue convocada en las redes sociales a principios de diciembre y se propagó como un incendio hasta llegar a los Campos Elíseos. Y es que la materia inflamable estaba ahí, cualquier chispa hubiera servido para iniciar la combustión. La periferia reivindicó el diésel, la bajada de impuestos, el bienestar que sabían existía. El mundo rural, aislado, desatendido, el que se transporta en el viejo Renault hasta una melancólica y globalizada estación de servicio, se puso en pie harto de que su espacio se redujera a comer los domingos un 'canard avec salade', emulando a la clientela de la guía Michelin. Los viejos comunistas y los votantes de Marine Le Pen comparten pan y mesa de plástico. También insatisfacción y no apuntan en barra de hielo los siete muertos que hay desde que comenzó la movilización.

En el camino del bienestar y la supervivencia hay mucha gente que se queda atrás; sin ir más lejos el lema de 'Teruel también existe' no nació para vender jamones sino para contar que para poder utilizar el móvil a veces hay quien tiene que subirse a la torre de un campanario. Macron llegó con un discurso de valentía reformista, una creencia firme, de estado y republica europeísta, pero va a tener serias dificultades. Subió el sueldo, igual que Sánchez a quien, a falta de chalecos amarillos tiene a los CDR en las autopistas y una Andalucía que le da la espalda. Las fallas tectónicas no se ignoran ni se desinflaman con Ibuprofeno o con subidas del salario mínimo. El puñetero poder de los que se sienten líderes no hace más que activar esa carta populista que no sabemos a dónde nos llevará. Como la nueva cocina, los pactos nos traen la deconstrucción de la política en raciones tan estéticas y mínimas que solo apetecen a quien no tiene hambre. Pues nada, sigan ustedes a lo suyo que el restaurante electoral va a tener una carta muy surtida porque el populismo puede ser de derechas, de izquierda y hasta de centro.

 

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