Sondeo

Un cinco raspado es una nota muy buena en un político ya que hay que contar con el peso gravitatorio de los ceros

Antonio Soler
ANTONIO SOLER

Al marqués de Larios lo han devuelto a su pedestal. Perfil de bronce, prohombre de todas las málagas, emprendedor foráneo, emblema de una ciudad abierta, afamada etiqueta de una ginebra con perfume sureño. Lo han puesto mirando a su calle, esa vena ciudadana de chaflanes curvos convertida en una pasarela coqueta y pulcra. Los Larios compraron uno a uno todos los agujeros que formaban las Siete Revueltas, un dédalo de callejuelas infectas del que nacían todas las epidemias, y le dieron a la ciudad, y a sí mismos, un espacio abierto y digno. Una obra pública hecha desde lo privado. Un galimatías que acabó bien y que ahora, cuando los partidos afilan espadas y lenguas de cara al 26-M, sería materia de debate municipal y electoral.

El PSOE ha hecho una encuesta en la ciudad. A veces, esas encuestas encargadas por los partidos tienen más de globos sonda que de verdaderos sondeos. Pero ahí está. Los socialistas por delante, el PP desbancado casi un cuarto de siglo después y los demás haciendo lo que pueden. Y, según reza la prospección, lo que pueden es darle la alcaldía a Dani Pérez, la joven esperanza hasta ahora poco conocida. La encuesta nos dice que más de la mitad de los interrogados conoce al candidato del PSOE, y además le ponen buena nota. Un cinco raspado es una nota muy buena en un político ya que hay que contar con el peso gravitatorio de los ceros y los unos que le endosan los votantes rivales. También Francisco de la Torre aprueba. Aprueba y descreerá los datos de la encuesta rival. Seguramente, mientras uno escribe esto ya hay otros sondeos en marcha y otros compresores de aire inflando suavemente los números.

Para que los números cuadren con sus ilusiones, los candidatos van haciéndole ofertas al electorado. Dani Pérez toca la tecla municipal de la policía y promete crear trescientas nuevas plazas de guardias municipales. De la Torre anuncia una exposición internacional sobre innovación y desarrollo sostenible para el futuro. Ciudadanos quiere que las licencias urbanísticas sean ágiles como un trapecista del circo Price y para ello planea una auditoría en Urbanismo. Málaga Adelante pretende hacer un parque fluvial en el Guadalmedina y Vox, aparte de reconquistar lo reconquistado, quiere que el metro al Civil discurra por el cauce del Guadalmedina. Es decir, mantener la ciudad dividida para siempre en dos, no seguir el ejemplo de Almería con su Rambla o el de Valencia, por muy conquistada que estuviera esta ciudad por el Cid Campeador y sus huestes. No crear un casco urbano que conecte los dos centros neurálgicos de la ciudad y lo haga mucho más amplio. Ellos son más partidarios de la cicatriz. Al menos estarán contentos con el mástil de veinte metros y la gran bandera nacional que va a colocarse en la entrada del puerto. Solo que la bandera no es suya. Ya pueden ponérsela todo lo que quieran en la muñeca o posar como estatuas de bronce. Ellos, al revés que el marqués de Larios, no pueden convertir lo público en privado.