Una sola derecha radical

ANTONIO PAPELL

Los estrategas que organizaron el acto del domingo, cuantitativamente insuficiente en todo caso para cumplir los objetivos que se habían marcado, cometieron algunos errores abultados, que pasarán factura a quienes a) pretendieron monopolizar los símbolos constitucionales vinculándolos a una identidad restrictiva y excluyente, y b) quisieron transmitir la imagen de una derecha única, radical y dura, atrincherada en un discurso sencillamente falsario cuyo dato más explícito es la confrontación directa y sin paliativos con el resto del arco parlamentario, que no sólo viviría en el error ideológico sino que estaría formado por antipatriotas y enemigos de la sagrada tradición de la historia.

La manifestación no fue exitosa, ya que cuando se convoca a la gente para que cumpla un gran designio, algo así como un clamoroso cambio de régimen que incluye el anatema a quienes no comparten el escueto e inflamado orgullo patriótico, es preciso consumar la propuesta mediante un gigantesco movimiento de masas que tape las objeciones éticas y políticas que pueda suscitar ese llamamiento. La manifa del domingo, fuesen 45.000 o 200.000 los concurrentes, supo a poco, fue escasa y poco contundente. Era todo tan light que los que leyeron el manifiesto final tuvieron que mentir para ofrecer carnaza a quienes buscaban exacerbar su indignación con nuevos elementos. E incluso la gran fotografía final, en la que al fin se mostró la cara oculta (hasta entonces) del 'three party' supo a poco, fuese por la cara de circunstancias de los allí reunidos o por el rastro de vergüenza ajena que alguno de los líderes no supo disimular.

Uno de los que lanzó la arenga, toda ella falsaria, aseguró que uno de los motivos de la concentración era que «Pedro Sánchez cedió al aceptar las 21 condiciones de Torra». Es evidente que no se puede construir un proyecto político sobre una descarada falacia, y que a esas horas habrá muchos ciudadanos liberales, conservadores, de derechas, muy preocupados por la apariencia de insana unidad que han encontrado estas gesticulaciones, que están mucho más cerca de los populismos retrógrados que pululan por Europa que de las formulaciones del centro-derecha francés o alemán.

Otros argumentos eran también sencillamente mendaces: ni el Gobierno ha aceptado jamás la bilateralidad entre iguales, ni ha cedido a presiones para trasladar los presos del 'procés' a las cárceles catalanas, ni Sánchez ha pactado los Presupuestos a cambio del reconocimiento de la soberanía catalana. ¿A quién se quiere engañar? Es muy grave que, ante el éxito de Vox, toda la derecha haya virado a estribor en un burdo movimiento encaminado a llevarse el mayor pedazo posible de la tarta electoral. Algunas expresiones -las de Valls o Garicano, pongamos por caso- eran todo un poema, pero nadie de ese sector ha salido a protestar por el uso de la mentira como estímulo de la confrontación.