Más que simples humanos

IGNACIO LÓPEZ-GOÑIDoctor en Biología. Catedrático de Microbiología

La inmensa mayoría de los microorganismos son unos buenos tipos, solo una fracción muy pequeña de ellos nos causan problemas y enfermedades. Desde hace más de un siglo sabemos que nuestro cuerpo está repleto de microorganismos. Es lo que se denomina microbiota, el conjunto de microbios (bacterias, arqueas, virus, hongos y protistas), que residen en el cuerpo sano, en intestino, boca, vagina y piel, principalmente.

Hoy en día, gracias a las nuevas técnicas de secuenciación masiva que nos permiten estudiar los microbios sin necesidad de cultivarlos, comenzamos a conocer mejor nuestra microbiota. Sabemos que la mitad de las células de nuestro cuerpo son microbios: por cada célula humana que tú tienes hay al menos una bacteria, somos mitad humanos mitad bacteria. El ser humano no es una unidad independiente sino que consiste en una comunidad dinámica e interactiva de miles de millones de células humanas y microbianas. La diversidad de microbios en nuestro organismo es enorme. Se estima que en nuestro cuerpo sano habitan más de 10.000 especies bacterianas diferentes. El tipo y el número de especies microbianas que tenemos es diferente en cada persona y hay muchos factores que influyen en su evolución a lo largo de la vida: edad, sexo, genética, tipo de dieta, clima y localización geográfica, la exposición a fármacos o antibióticos, la interacción con otros individuos, etc.

El objetivo es desarrollar medidas preventivas, diagnósticas y terapéuticas basadas en los microbios

Cada vez conocemos mejor el papel crítico que juega la microbiota en la biología y la salud de una persona. Los microbios intestinales degradan sales biliares, proteínas y polisacáridos, producen vitaminas, cofactores y ácidos grasos de cadena corta y degradar toxinas y drogas. Además, la microbiota evita la colonización de microorganismos patógenos. Juega un importante papel en modular la abundancia y actividad de distintos tipos de células del sistema inmune, estimula y entrena nuestras defensas contra los patógenos. Muchas bacterias intestinales son capaces de producir hormonas y neurotransmisores (como serotonina, dopamina y acetilcolina) que pueden atravesar la mucosa intestinal e influir de alguna forma en las funciones cerebrales y el estado emocional.

Y cada vez son más numerosas las evidencias que relacionan alteraciones en la composición y diversidad de la microbiota con diversas enfermedades, lo que se conoce como disbiosis. Es difícil detectar una bacteria concreta asociada con la enfermedad, pero sí existen pérdidas o ganancias de funciones de la microbiota asociadas con enfermedades particulares. Hay evidencias de alteraciones de la microbiota relacionadas con la enfermedad inflamatoria intestinal, la diarrea por Clostridium difficile, el cáncer colorrectal, enfermedades metabólicas, alergias y asma o enfermedades del sistema nervioso central. Las alteraciones de la microbiota se han relacionado con trastornos como la depresión, autismo o enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, Parkinson o esclerosis múltiple. La microbiota puede amplificar o mitigar la carcinogénesis, y puede también ser responsable de la efectividad de algunos tratamientos y reducir o aumentar las complicaciones y efectos tóxicos de los mismos. El cómo respondas a un tratamiento concreto puede depender de tu microbiota. En la mayoría de los casos todavía no sabemos si las alteraciones de la microbiota son la causa o el efecto de la enfermedad, pero cada vez hay más datos que relacionan ambos factores.

Uno de los grandes problemas es que la composición de la microbiota cambia no sólo entre individuos distintos sino incluso a lo largo del tiempo en un mismo individuo. Además, cambiar o modificar a elección la microbiota es mucho más difícil de lo que nos imaginábamos. Todo esto tiene una consecuencia importante: la medicina de precisión necesita ajustarse a la interacción con la microbiota. En un futuro próximo el análisis de la microbiota humana se incorporará a los protocolos de medicina personalizada de precisión. Una medicina a la carta que propondrá un tratamiento personalizado teniendo en cuenta no solo los datos del genoma, metabolismo y sistema inmune del paciente, sino también de la microbiota. El médico estudiará la composición de tu microbiota y su función, identificará microorganismos oportunistas potencialmente patógenos, posibles deficiencias y cómo los microbios pueden afectar al tratamiento. Con todos esos datos, podrá estudiar la susceptibilidad genética a padecer una enfermedad, predecir la respuesta a un tratamiento y posibles reacciones adversas, y también recomendarte un cóctel de microbios concreto, una nutrición o probióticos personalizados o incluso un autotransplante de microbiota intestinal.

Necesitamos conocer mejor la composición e interacciones de nuestra microbiota, descubrir los mecanismo bioquímicos y moleculares que relacionan la microbiota con la enfermedad, y desarrollar tratamientos personalizados de modulación o modificación de la microbiota. El objetivo es desarrollar medidas preventivas, diagnósticas y terapéuticas basadas en la microbiota. No somos individuos, sino entidades discretas con un sinfín de interacciones siempre cambiantes con nuestros microbios.