El silencio de los espacios infinitos

Otear el cielo: el sobrecogimiento por la inmensidad, ese «silencio de los espacios infinitos»

PEDRO MORENO BRENES

Otro año, otra acumulación de cosas buenas y malas. Con la Navidad pasa como con el fin de ejercicio en las empresas: hay que hacer balance y calcular resultados, pero no se valora en euros sino en sentimientos, emociones, el patrimonio del que uno no se puede desprender si quiere ser algo más que un pedazo de carne con ojos. No me quejo de cómo me ha ido el año y viene bien aprovechar sus últimos días para hacer vida interior alzando la mirada a eso tan complicado y bonito que llamamos cielo, aunque no logré entender lo que es el Big Bang (Gran explosión), ese universo que, en alta densidad, luego se expandió.

Al bueno de Abraracúrcix, el jefe galo de Astérix y Obélix, solo le asustaba una cosa: que el cielo le caiga sobre la cabeza, pero, como él decía, «eso no va a pasar mañana». Más que miedo, el cielo me inspira misterio, el mismo que siento ante los aproximadamente 13. 800 millones de años, edad que calculan los sabios, es la que tiene el universo. Pero algo tuvo que pasar y hay que agradecer a los astrónomos que quemen sus neuronas para intentar explicarnos al resto algo tan sublime. Por lo que he leído, una de las etimologías del término 'Dios' es 'div' o 'deiv', que viene a significar brillar. Parece que la cosa tiene que ver con la visión del firmamento y sus estrellas. En el encuentro con uno mismo conviene otear el cielo: el sobrecogimiento por la inmensidad, la plena conciencia de que somos de cristal ante ese «silencio de los espacios infinitos» del que hablaba Pascal.

El balance: tengo una morada y trabajo y quiero mucho a los míos y quiero pensar que soy querido. No tengo nada que no merezca todo ser humano por el mero hecho de serlo, y por eso, me seguiré juntando con los que no miran a otro lado cuando hay que dar la cara frente a las injusticias. Es verdad que estos días hay acumulación temporal de buenos propósitos por motivos religiosos, culturales o porque toca crear ambiente al silbato del marketing de las grandes firmas comerciales. Con esa mezcla hay que convivir, aunque choque ver a algunos golfos sobreactuando y sacando a colación una «bondad con corto plazo de caducidad» y que casa mal con la mala leche que se gastan el resto del año. Mirando los adornos de Navidad en casa, recordé que los evangelios mencionan una estrella que lleva a los Magos de Oriente al 'establo'donde nacía Jesús, sí, ese predicador que los cristianos decimos qué siendo hijo de Dios, nació, vivió y murió por los pobres. Feliz Navidad para todos ustedes.

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