Senador Cortés

Si considera que iral Senado es una degradación debería aprovechar el trance y ya de paso bajar de los cielos

Antonio Soler
ANTONIO SOLER

Juan José Cortés es el senador a palos. El hombre le ve poco brillo a la cámara alta. Le han gustado estos meses semi vacacionales en la carrera de San Jerónimo y quería que Pablo Casado le mantuviera el escaño. Pablo o Pedro Casado, Cortés no tenía muy claro en su mitin de presentación quién le daba la alternativa en la política nacional. Pero el hombre tiene reprís y labia y salió de aquello como pudo. Mal, pero bien. Ahora con quien la ha emprendido es con Juanma Moreno. Considera que el presidente de la Junta es un perdedor, un tipo que «no ha ganado nada y su equipo tampoco» y que si es el líder de Andalucía «no es su mérito sino de Vox, que cedió sus escaños gratuitamente para que sea presidente.»

Su paso a posible senador lo ha tomado como un «ataque personal y usurpación». Este hombre está en trance permanente. Religioso cabal, fundó la Iglesia Evangélica Ministerio Juan José Cortés, porque aquella en la que estaba, la Iglesia Evangélica de Filadelfia, se le quedaba pequeña. También porque ya entonces, hace unos ocho años, Mariano Rajoy y Javier Arenas lo habían decepcionado y pensaba que su nueva Iglesia tendría un matiz político y transformador. No funcionó exactamente así, de modo que el inquieto Cortés se mantuvo en la cuerda, más o menos, del PP. Antes había sido militante del PSOE, partido que también lo defraudó. Ninguno está a la altura de Cortés y menos que ninguno este PP andaluz en el que Moreno Bonilla se ha hecho fuerte y que ahora lo ofende mandándolo al Senado.

Cortés debe su relevancia social a un hecho tristísimo. El asesinato de su hija por un pederasta. Toda compasión y solidaridad es poca para con él. Todo el reconocimiento a su entereza. Pero al margen de eso está todo lo demás. El dolor del pasado no le da patente para surcar los mares como si su barco fuese el único que tiene derecho a desplegar las velas. Otra desgracia brutal, la de las Niñas de Alcáser, llevó a uno de los padres de las chicas más allá del delirio. Aquello se convirtió en un modo de vida y en aquel remolino fueron a vivir unos cuantos desaprensivos y oportunistas. Nada tiene que ver con eso el caso de Juan José Cortés, pero la solidaridad que su desgracia le proporcionó y su popularidad no puede ser usada para maniobrar sin cese en busca de su propio ombligo. Entre otras cosas porque es justamente su popularidad la que movió a Pedro/Pablo Casado a colocarlo en las listas electorales de Huelva al Congreso en las fallidas elecciones de abril. Las expectativas no se cumplieron. El PP anda corrigiendo el tiro. Cortés debería estar muy honrado y agradecido de figurar en las listas del Senado. Moreno Bonilla no le ha usurpado nada. El escaño en la carrera de San Jerónimo no era suyo. Y si considera que ir al Senado es una degradación debería aprovechar el trance y ya de paso bajar de los cielos.