Santa semana

Rafael J. Pérez
RAFAEL J. PÉREZMálaga

Quien firma este artículo es cristiano y sacerdote católico. Desde ayer vive una semana a la que le acompaña un adjetivo: santa. Esta santa semana en Málaga y en los corazones de malagueños y malagueñas es un periodo de tiempo muy especial, al menos para un importantísimo volumen de personas que habitan la ciudad del paraíso. Por múltiples razones. Razones que llevan a vivir de una u otra manera este tiempo santo.

¿Pero qué se esconde durante esta semana tras las celebraciones en los templos y en las calles? ¿Qué lleva a una cubana, a un australiano o a un español que desconoce nuestra vivencia de la fe en Málaga a emocionarse en este tiempo santo? ¿Qué está pasando para que en los templos que durante el año están a media entrada, en la celebración de los santos oficios de esta semana, no se quepa? ¿Qué empuja a que un niño o niña, que en su casa no ha sido educado en la fe cristiana, conozca con todo lujo de detalles aspectos de la pasión, muerte y resurrección de Cristo?

Estas y otras preguntas podríamos hacérnoslas, pero sin duda hay algunas que preceden a las demás. ¿Quién es Jesús, el Nazareno? ¿Quién es este hombre, que pasó haciendo el bien, al que los cristianos reconocemos Dios y hombre verdadero? ¿Por qué fue ajusticiado? ¿Es verdad que resucitó?

La vida de Jesús Nazareno, que en estos días, a modo de catequesis plástica se procesiona por nuestras calles; la fe en Jesucristo que en las celebraciones de nuestros templos cristianos se expresa con solemnidad y sencillez es el vórtice de todo: el remolino de viento que avanza rápidamente, el centro del torbellino capaz de levantar todo quedando el paisaje transformado. ¿La razón? El mensaje revolucionario y actual de Cristo, amén de una vida centrada en dar a conocer a Dios, centrada en los pobres y vinculada a la humanidad. Por eso, cuando un cristiano en Semana Santa olvida a Dios, lo ningunea o desprecia con su tipo de vida está evidenciando lo poco que le importa el respeto al santo nombre de Dios. Por eso cuando un cristiano en Semana Santa olvida a los pobres o desprecia con sus actitudes muestra lo alejado que está del Evangelio. Por eso cuando un cristiano en Semana Santa olvida la fraternidad expresa que no conoce la verdad íntima que alberga la fe que confiesa profesar.