Santa Bárbara

MARÍA MAIZKURRENA

Dice el refrán que nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Nos pasa por encima una ola de calor y nos acordamos del cambio climático. Nos cae una ración de pedrisco iluminado por relámpagos y sale a relucir Santa Bárbara, protectora contra el rayo, siquiera porque su nombre está en el refrán tan vivo como nuestra inconstancia. El clima es cosa seria y no deja de serlo porque se use para producir reportajes cuyo mayor atractivo consiste en torturar al reportero mediante su exposición a fenómenos climáticos extremos, como si tuviera que demostrar que sin temer jamás al frío o al calor el circo da siempre su función. Además de favorecer o dificultar el turismo, el clima es cuestión de vida o muerte, como siempre ha sido. Es también un factor enrevesadamente económico. Cuando la economía se basaba en la agricultura era un factor económico de más fácil comprensión. Ahora se miente mucho en esto como en todo, porque se ha convertido también en política. Por eso en EE UU existe un medio profesional, solvente, independiente dedicado sólo a investigar y dar noticias sobre el clima. Se llama InsideClimate News. Ellos han juntado las piezas de la siguiente historia. En los años 70, cuando el ciudadano común ni se olía la crisis climática global, algunos grupos con acceso privilegiado al conocimiento empezaban a otearla. Entre ellos los directivos de las grandes petroleras. En los 70 sólo los científicos del clima sabían lo que había que saber para poder sacar conclusiones, y por eso los directivos de las grandes compañías petroleras también sabían, porque para eso tenían sus científicos, los mejores que se podían contratar. Atención porque esto da para una serie de Netflix o de Amazon. En julio del 77 un ingeniero jefe de Exxon informó en una reunión de alto nivel sobre posibles consecuencias de quemar petróleo a lo bestia. La compañía decidió crear su propio programa científico con toda clase de recursos para saber cuánto tiempo tenía antes de que una elevada concentración de gases de efecto invernadero forzara una transición a las energías renovables. Hasta pertrecharon un petrolero que medía la concentración de CO2 en los mares. En el verano del 79, el ingeniero Steve Knisely presentó un informe a los mandamases: si no se reducía el uso de combustibles fósiles, el CO2 atmosférico alcanzaría en 2010 las 400 partes por millón. La compañía paró la investigación y fijó un nuevo rumbo: negarlo todo. Además, empezaron a financiar la negación. Exxon terminó en los tribunales, pero eso fue en 2018, y no por poner en riesgo la salud humana, sino por traicionar la confianza de los accionistas con información falsa que al cabo les haría perder dinero. Moraleja: el dinero es más importante que el clima, es decir, que la vida. Pero eso ya lo sabíamos y aquí estamos, sin acordarnos de Santa Bárbara. Salvo cuando truena.