¿Sabiduría u oportunismo?

En los últimos meses Pedro Sánchez se lleva la palma en esto de los giros de 180 grados

PEDRO MORENO BRENES

«Errar es humano, perdonar es divino y rectificar es de sabios». Me identifico con esta célebre máxima del poeta británico Alexander Pope, pero si me permiten el matiz, añado que todo eso está muy bien si hay proporción y mesura. De 'meter la pata' nadie se libra, pero tampoco hay que jalear como a un héroe al profesional de los despropósitos, al de los errores notorios, gruesos y reiterados, ya que de aquí a la impunidad no habría fronteras. Por otra parte, es saludable huir del rencor y perdonar cuando hay arrepentimiento y voluntad de reparar el daño, pero ante los chulos que se jactan de sus tropelías el error estaría en practicar el 'buenismo', es decir, que al malo le salgan gratis sus canalladas. En lo de rectificar, la sabiduría muchas veces no inspira eso de cambiar de postura y más bien hay que acudir al más castizo: «Donde dije digo, digo Diego». Es de persona sensata y equilibrada rectificar cuando hay un cambio drástico de las circunstancias que le llevó a su posición inicial, lo que en términos jurídicos se conoce como la cláusula rebus sic stantibus (revisión de las obligaciones por circunstancias sobrevenidas que rompen el equilibrio del contrato). Además, puede pasar que, sin cambios en las circunstancias, no fuera correcto el análisis (y la postura adoptada) por falta de información o de formación; en este supuesto lo que procede es una autocrítica sincera y una fundamentación explícita de la nueva postura para evitar el legítimo asombro de los demás ante el 'cambio de tercio'. Con errores y aciertos, en los tiempos en los que tuve el honor de ser candidato a la Alcaldía de Málaga y concejal en la oposición, las actas del pleno municipal (y las de otros órganos) pueden acreditar que siempre mantuve que nunca defendería en la oposición algo que después no fuera capaz de mantener en caso de ejercer el gobierno de la ciudad, y esas mismas actas reflejan que muchas veces me quedé en solitario votando en el pleno en punto concretos, cuando así lo exigía razones de legalidad o de principios.

Si repasamos el panorama político español del momento, me temo que todos los partidos con relevancia institucional sufren este síndrome del cambio a las bravas y sin motivación alguna. El lunes se dice una cosa con tono solemne y con la convicción de que de esa postura no se mueven ni a bombazos, y el viernes (como si el del lunes fuera otro), con expresión hierática y sin justificación (o con alguna de chiste), dicen lo contrario. En los últimos meses el Gobierno de Pedro Sánchez se lleva la palma en esto de los giros de 180 grados: gobierno de transición versus agotar legislatura, publicación del listado de la amnistía fiscal anulada por el TC, impuesto a la banca, devoluciones en caliente en las fronteras, defensa de Llarena, financiación autonómica, ventas de armas a Arabia Saudí y suma y sigue. ¿Sabiduría u oportunismo?

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