Más ruina para Venezuela

Nadie llega a pensar en una intervención para derrocar un régimen que ha utilizado las elecciones para llegar al poder y acabar con las libertades y derechos de los venezolanos

Más ruina para Venezuela
José Ibarrola
JAVIER FERNÁNDEZ ARRIBAS

La permanencia de Nicolás Maduro en la Presidencia durante seis años más representa más ruina todavía para Venezuela, sus ciudadanos, América Latina y el mundo en general. En la aldea global que representa el mundo actual todo lo que ocurre en cualquier lugar nos afecta más o menos directamente. En el caso de Venezuela, los intereses españoles son cuantiosos en cuanto a su valor económico y comercial y en cuanto a los lazos familiares, históricos, sociales y culturales. El sufrimiento de millones de venezolanos debe representar un golpe constante a nuestras conciencias e imponernos diariamente el compromiso y la obligación de pensar en qué podemos hacer para acabar con tanta injusticia y cómo podemos presionar a nuestros dirigentes políticos para que adopten medidas eficaces contra la dictadura chavista.

En principio, nadie llega a pensar en una intervención para derrocar a un régimen que ha utilizado la democracia y las elecciones para llegar al poder y acabar con las libertades y los derechos de los venezolanos. Sin embargo, hay movimientos estratégicos que se han registrado en los últimos meses en suelo venezolano que han despertado muchas alarmas. Las relaciones chavistas con Rusia, China o Turquía se enmarcan en aprovechar el pulso que se vive actualmente por el liderazgo mundial entre las grandes superpotencias con EE UU, por varias razones. Pero una cosa es que Nicolás Maduro pretenda demostrar que no está totalmente aislado en el mundo y utiliza su petróleo y su posición geográfica para conseguir cierto respaldo de estos países, y otra muy preocupante es que aviones bombarderos rusos TU-160 con capacidades nucleares aterricen en Venezuela y participen en unas supuestas maniobras militares. Inmediatamente surge la pregunta: ¿maniobras para qué y por qué?

Este delicado paso en tierras movedizas tenía como objetivo disuadir a potencias americanas de cualquier intención de intervenir militarmente para acabar con la dictadura de Maduro, como se estuvo pensando en el despacho oval de la Casa Blanca por Donald Trump. También para amedrentar cualquier intento interno de golpe de estado en el seno de las Fuerzas Armadas tras el supuesto ataque con drones contra Maduro que se registró en el mes de agosto durante una parada militar. Todo indica que lo ocurrido fue un teatro montado para esgrimir la agresión exterior como argumento de defensa del propio régimen para mantenerse en el poder tomando más medidas represivas y utilizar el victimismo habitual en estos casos para alimentar el orgullo nacional en su propio beneficio.

El gobierno venezolano ha dedicado un presupuesto notable para la adquisición de diversos sistemas de armas provocando una escalada armamentística en la región y un clima de tensión permanente, sobre todo con su vecina Colombia. En varias ocasiones han sonado ciertos tambores de guerra para crear un ambiente enrarecido en toda la región y se ha acusado a miembros de la oposición de ser responsables de complots contra el orden establecido. Hay que hacer especial hincapié ahora en el grave riesgo que representa para la paz, la estabilidad y la convivencia en Venezuela y en sus países vecinos las argucias totalitarias empleadas por el chavismo para mantenerse en el poder. Desde 2015, el régimen ha maniobrado para neutralizar y controlar las instituciones contrarias a su hegemonía. El 6 de diciembre de ese año 2015, la oposición lograba un triunfo espectacular en las elecciones parlamentarias con mayoría absoluta en la Asamblea Nacional. Sorpresa para el propio régimen que cuando intentó cambiar los resultados con un pucherazo torpe y grosero se encontró con el responsable de las Fuerzas Armadas que lo impidió con el sólido argumento de hacer respetar las reglas democráticas para evitar un enfrentamiento civil.

Desde entonces, los chavistas se inventaron una asamblea constituyente paralela para vaciar de poder a la legítima, depuraron la cúpula de las Fuerzas Armadas, sortearon la celebración de un referéndum revocatorio, a pesar de que la oposición había recogido las firmas necesarias para su convocatoria según establece la Constitución, gracias a una falsa mesa de negociación con inconscientes mediadores internacionales, o no tan inconscientes, haciéndole el juego al régimen; control total del poder judicial y del Comité Nacional Electoral y la celebración, el pasado mes de mayo, de unas fraudulentas elecciones presidenciales que dieron como ganador a Nicolás Maduro, que ahora toma posesión.

La oposición decidió no participar en estas elecciones que registraron, oficialmente, un 54% de abstención, pero que sirve como justificación a los chavistas para mantenerse en el poder. Venezuela es una ruina: hiperinflación de 1.800.000% en 2018; inseguridad con 20.000 muertos; desabastecimiento de productos básicos de alimentación y medicinas provocando hambre y muerte; represión política con docenas de opositores en las cárceles y 150 muertos en las protestas multitudinarias en las calles de las principales ciudades venezolanas y éxodo de tres millones de personas que han abandonado el país para salvar sus vidas.

 

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