El rostro de Mencía

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

La luna llena cubría el cieloestrellado de la noche malagueña. La vista desde la terraza del AC Málaga Palacio era impresionante. Los fuegos artificiales, contemplados desde el que es un lugar único para vivir la inauguración de nuestros festejos de agosto, envolvían en colores la majestuosa Farola, el único faro femenino de España. Estampas impresionantes, de las que quedan impresas en la retina del alma. La feria comenzó con matrícula, con un excelente pregón y unos magníficos fuegos artificiales, que el año que viene, según Teresa Porras, serán aún mejores. La fiesta entró a lo grande.

En una esquina, sentada en una mesa alta, junto a su madre, una niña adolescente, admiraba el mágico encanto enigmático atrapada por la atracción que a los seres humanos nos produce el fuego. La magia de los colores se dibujaba en su rostro que ya comienza a mostrar retazos de mujer. Era Mencía, y..., aunque no podía ser, por unos segundos, en aquel rostro, en aquellos ademanes, en ese rictus me pareció estar viendo a su padre, Antonio Garrido Moraga, el mismo que desde que se inauguró 'Abanico' cada feria nos regalaba su sabiduría en sus artículos. Sé que Mencía está siempre con su padre, o mejor dicho, que su padre está permanentemente en su corazón de niña que ya sabe lo que es sufrir. Sé que siempre están juntos, pero en ese momento, en el piso 15 del AC Málaga Palacio, mientras Jorge González contemplaba desde una esquina la escena de la niña abstraída por los fuegos; en ese instante, digo, Mencía y Antonio estaban más cerca que nunca: ella en las alturas de la terraza, más cerca que nunca del cielo, donde mora ese angelote grande que la miraba, seguro, con ojos redondos y brillantes. Garrido fue parte importante de lo que hoy es la Feria de Málaga como edil de Cultura y Fiestas. «¿Me imaginas vestido de corto, Pedrulo?». «O de torero», fue la respuesta. Pues sí, allí estaba Garrido; lo vi anteanoche, retratado en el rostro de su Mencía...