La rosa y la viga

Ignacio Lillo
IGNACIO LILLOMálaga

Los líderes del PSOE no paran de repetir a la mínima oportunidad lo malos que son los de Vox. Tanto, que les han hecho una campaña impagable en las Andaluzas. El gurú que ha dado, y mantiene, la consigna es un crack. Está triunfando, es evidente. La estrategia del ideólogo es dividir el voto de la derecha, pero se ha pasado de frenada. Y ahora, a cada descalificación, a cada insulto, a cada payasada y a cada titular sesgado le meten otros mil votantes más. A este paso, los van a convertir en llave de gobierno en las próximas elecciones municipales en los principales ayuntamientos; como seguro que también en las generales. Ya lo han conseguido ser en la comunidad más poblada de España.

Como lo del malaje de Vox ya no cala de puro cansino, ahora me gustaría, para variar, escuchar un poco cómo de buenos son los socialistas. No es que lo diga yo, sino alguien tan poco sospechoso de ultraderechista como el histórico militante malagueño Josele Aguilar, y muchos otros de los defenestrados de la vieja guardia. «Bueno, compañeros y compañeras. Ya va siendo hora de dejar de hablar de Vox y empezar a hablar de lo que vamos a hacer para recuperar a nuestros votantes», escribió recientemente en Twitter. Una vez que han logrado encumbrar a su archienemigo al Parlamento andaluz, me encantaría que alguien de entre sus filas nos explicara su estrategia para reconciliarse con los 400.000 votantes que han perdido en las pasadas elecciones. Cómo piensan devolver la ilusión a los ciudadanos que los han mantenido en el poder durante casi cuatro décadas.

Igual es que su idea se limita a ofrecer más de lo mismo. Con el 'arma secreta' del Susanismo; con las mismas políticas económicas que mantienen a Andalucía en el vagón de cola de la economía española y europea. Con los mismos líderes avezados que han cosechado los peores resultados de la historia en su gran feudo, y que volverán a resurgir como el ave Fénix de sus rojas cenizas. Y, para colmo, con el apoyo de los ultranacionalistas catalanes para aferrarse al poder efímero en Madrid.

O sea: que nos pretenden convencer sin más relevo en la dirección; sin ninguna crítica constructiva; sin hacérselo mirar siquiera, en plan 'L'Oréal, porque yo lo valgo'. Así es como esperan reconciliarse con todos esos andaluces que antes los votaban, y que sólo por acción del supuesto miedo a Vox irán de nuevo con la papeleta en la boca a rogarles que vuelvan como mesías salvadores. Seguro que hay paja en el ojo ajeno, pero donde los dirigentes socialistas ven una rosa hay en realidad una enorme viga.