Resistencia

Antonio Soler
ANTONIO SOLER

El presidente del Gobierno es un hombre de contrastada resistencia -al agua, al fuego y, lo que es mucho más meritorio, a sus correligionarios- y ha escrito un libro para explicarnos cómo se consigue ese aguante ante los elementos más adversos. 'Manual de resistencia'. Título propio de un libro de autoayuda o de un estudio de física. Quizá sea ambas cosas. Lo ha escrito él y lo ha escrito, según dicen, Irene Lozano, aquella controvertida diputada que tantas ampollas levantó en el socialismo. No se sabe qué es peor. Que el autor haya sido el presidente o Lozano. Si ha sido él, mal, porque no parece que los tiempos estén como para que el jefe del Gobierno dedique sus esfuerzos a escribir. Si lo ha hecho Lozano siguiendo el esquema del jefe, también mal, porque, tal como ha recordado Alfonso Guerra en la presentación de su propio libro, estas cosas deben hacerlas quienes figuran en la portada y no amanuenses, correveidiles intelectualoides o negros. Algo que puede estar bien para Belén Esteban pero no para gente supuestamente de mayor enjundia mental.

En cualquier caso, la resistencia de Pedro Sánchez se ha vuelto a poner a prueba esta semana. El libro está pidiendo ya un epílogo. Hoy las calles de Madrid se encuentran llenas de gente airada por la política que el Gobierno central mantiene con el catalán. El ibuprofeno. Ese medicamento político que tan pocos resultados está dando. La hinchazón continúa. Y la esquizofrenia de los independentistas, pidiendo la separación de poderes y lo contrario, también. No politizar la justicia y al mismo tiempo exigir al Ejecutivo que ordene a los jueces poner en la calle a los políticos encarcelados. Bien. La cordura se ha dado de baja. Lo que prima es la resistencia. Por desgracia, la oposición también ha caído en ese juego. Más que caer lo ha abrazado con todo el énfasis del mundo. Sánchez es un felón. Lo que comete es alta traición, las conversaciones con los soberanistas destilan tufo etarra. Si en Venezuela se produjera un baño de sangre el responsable sería Sánchez (por seguir la pauta de los principales socios de la Unión Europea). Frenopático.

Ansiolíticos más que antiinflamatorios necesita una parte sobresaliente de la clase política. Mucho sofá. No para sentarse con el famoso y ya nonato relator, sino para tumbarse y empezar a relatar sus miedos infantiles al psiquiatra. El tirano Pol Pot se hacía pipí en la cama hasta la pubertad. ¿Qué le ocurrió a Pablo Casado? ¿Qué terrores infantiles padeció su tutor Aznar? El resistente Sánchez y los representantes de los productos corrosivos de la oposición están poniendo a prueba la serenidad de una ciudadanía que, por suerte, en su mayor parte permanece ajena a los movimientos de sus representantes y no se deja arrastrar por sus directrices, más parecidas a espasmos que a una meditada estrategia política. Un divorcio normalmente preocupante pero que, dado el grado de histeria de los líderes, de momento conviene que se mantenga. Cada cual aguantando su vela, resistiendo, soportando.

 

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