Resaca electoral

DIEGO CARCEDO

Los resultados electorales del domingo parece que están teniendo una resaca más tranquila de lo que se temía. Euforias y disgustos se están digiriendo con normalidad. Se nota que estábamos bastante saturados de política y que los resultados no dejan mucho espacio a la lucubración ni al suspense. Con las cifras en la mano no es previsible que vaya a haber problemas para la formación del Gobierno; es decir, de su continuidad con las variantes que se generen. Mejor así, la crispación nunca es buena.

Volverá, claro con el tiempo: es consustancial a la actividad política y más en un país tan visceral y variado como el nuestro. Y tal vez no habrá que esperar mucho, esperemos que de manera temporal. En cualquier momento la campaña para las elecciones europeas, autonómicas y municipales estallará de nuevo con fuerza. Las tres son elecciones distintas, pero no por eso carentes de importancia ni ajenas a interesas empezando por los europeos. Hasta ahora de Europa no se dijo nada.

Los aspirantes a la presidencia del Gobierno después de debatir cuatro horas sobre la condición de las aves acuáticas no les quedó ni un minuto para anticipar algo sobre la organización supranacional que nos cobija y cogobierna. Una pena. Habrá que esperar a que los candidatos a eurodiputados tomen la palabra para que nos vayamos dando cuenta de una vez de que la política que se decide en Bruselas nos afecta tanto como la que se gesta en Madrid.

Las autonómicas y municipales despiertan más apasionamiento por los nombres de los candidatos, a menudo conocidos, más o menos simpáticos, que por lo que se juega con su elección. Una buena parte de la actividad pública, la que nos afecta más de cerca en nuestras vidas cotidianas, es la que se maneja desde las comunidades autónomas, las diputaciones, cabildos y ayuntamientos. No es para echarlo en saco roto.

Muchos opinan que no es bueno que se celebren tantas elecciones en tan poco tiempo. Es evidente que, de una forma u otra, eso está por aclarar, los resultados de unas puedan influir en las intenciones de algunos votantes ante las otras. Pero en el caso que nos ocupa quizás no sea malo que este 'atragantón' electoral nos libere algo de las tensiones políticas vividas en los últimos meses e incluso años de forma que la convivencia se relaje un poco.

Las elecciones generales recién celebradas han dejado la estela de una etapa de relaciones desairadas entre quienes piensan distinto y particularmente entre quienes lideran las diferentes corrientes de opinión. La experiencia no fue buena: son muchos los ciudadanos que lamentan los insultos y acusaciones que se han entrecruzado. En un tono más pausado y dialogante es mejor entenderse. Lo dicen los que saben de esto.