Resaca

Antonio Soler
ANTONIO SOLER

Ya pasó la borrachera democrática. Una semana después, los especuladores y los analistas siguen tratando de explicar qué pasó por la mente de unos cuantos millones de andaluces a la hora de introducir su papeleta en la urna. Espiritismo disfrado de lógica en demasiadas ocasiones. Un baño de realidad. Una realidad que para Susana Díaz tiene mucho que ver con la definición que de ese término hacía Ambrose Bierce. Para el escritor norteamericano la realidad es el «sueño de un filósofo loco». Por ese salón del frenopático debe transitar ahora Susana Díaz, arrastrando unos pecados que se niega a reconocer. El primero, mortal, la abstención propiciada por su persona y por esa pose a lo Luis XIV -Andalucía soy yo- en la que se ha instalado.

A estas alturas ya le han recordado a la presidenta en funciones que Andalucía no es exacta y exclusivamente ella. Además le han recordado su responsabilidad en los resultados. También lo hicieron desde su propio partido. Incluso hicieron amago de cortarle la cabeza. Fueron a por la bandeja, para servírsela a Sánchez, pero se arrepintieron por el camino. Demasiada sangre, demasiadas salpicaduras en vísperas de un año electoral. Mejor poner el agua a calentar y que la señora se vaya cociendo a fuego lento. Hay otros asuntos que atender, otras vías de agua. Troneras que no solo afectan al PSOE. A su izquierda también ha habido hundimiento. Y abatimiento. Aquel espíritu del 15-M no es más que un soniquete, una alfombra vieja, ya demasiado pisoteada.

La nueva, y peligrosa, ilusión ha venido por la derecha extrema. No serán fascistas, no serán nazis, pero postulan muchos de los preceptos que dieron origen a los populismos y los nacionalismos europeos de los años treinta del pasado siglo. Renovados, actualizados frente a una nueva realidad, pero con aquel tufo pseudo imperial, reconquistador y purificador de una época que muchos creían enterrada para siempre. Ellos se están encargando de coser aquel tiempo con un nuevo horizonte, y lo hacen más a base de soflamas que de proyectos concretos. Tienen más de viento, de emoción, que de razón. Y también tienen mucho que agradecerle al soberanismo catalán. Los extremos siempre se alimentan. A Ciudadanos le toca hacer de contorsionista en este tiempo de resaca. Aficionados a la televisión, sueñan con 'Borgen'. Solo que Juan Marín no es Birgitte Nyborg. No. Ni tampoco el hecho de estar más aseados en asuntos de corrupción convierte en automática su aspiración a presidir la Junta. Les conviene recordar que han sido la tercera fuerza política y que Juanma Moreno ha obtenido unos cuantos miles de votos más que ellos a pesar de haber sido herido por su costado derecho, y por el izquierdo. De los 24 diputados que suman Vox y la crecida de Ciudadanos, el PP solo ha perdido 7. Las cábalas continúan, los candidatos todavía llevan demasiado alcohol electoral en las venas. Y mucha afrenta pasada. Si Moreno se convierte en presidente será el primero surgido desde Andalucía oriental. Un dato nada banal para una tierra con síndrome de cenicienta.

 

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