LA RENOVACIÓN EN LA RTVA: UNA OCASIÓN PERDIDA

La bicefalia Porras-Mellado Algo más que recolocados de los partidos

El presidente de la Junta, Juanma Moreno, flanqueado por Rafael Porras y Juande Mellado :: J. Muñoz. efe/
El presidente de la Junta, Juanma Moreno, flanqueado por Rafael Porras y Juande Mellado :: J. Muñoz. efe
Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

El gran pacto para la renovación de la Radio y Televisión de Andalucía, Canal Sur, que se vio como un ejemplo de nuevos tiempos en la política, ha resultado viciado en su último tramo, el de los nombramientos de los miembros de su consejo de administración. Hay que añadir a estos los nuevos representantes del Consejo Audiovisual de Andalucía, pues han entrado en el mismo paquete. Los partidos han reproducido los vicios del pasado, incluidos los nuevos, al primar el carnet de militante o la vinculación laboral a las formaciones políticas en lugar de a profesionales independientes (no solo periodistas) para sus órganos de gobierno. Los cambios en Canal Sur, necesarios tras casi seis años de bloqueo político y diez de crisis económica, pueden abocar a una ocasión perdida para impulsar una televisión pública que se mantenga plural, de calidad y exponente de la diversidad andaluza, si en el nuevo consejo se impone, como antes, la guerra partidista por la cuota de pantalla de los líderes que apadrinan a cada consejero.

El pacto de los cinco partidos significaba una gran oportunidad para potenciar en todos los aspectos a la RTVA. Fue clave que el PSOE aceptara la propuesta del PP para que el periodista Rafael Porras (último director de la edición de 'El Mundo' en Andalucía) presidiera el consejo de administración y de que también diera el visto bueno a Juande Mellado como director general, pese a ser ya cargo del Gobierno como director general de Comunicación Social. El PSOE rechazó otros nombres que no han trascendido y el PP otros de los socialistas. Mellado, que también trabajó para el gabinete del consejero socialista de Turismo Luciano Alonso, era el hombre de consenso. Le avala su propio currículum profesional como director de periódicos.

El acuerdo entre PP y PSOE era importante, porque fue la falta del mismo la pasada legislatura lo que impidió la renovación de los órganos de extracción parlamentaria como el de la RTVA. Las votaciones exigen tres quintos de la Cámara (66 diputados) y los tres partidos del cambio político, PP, Cs y Vox, no la suman. En la negociación todos se llevan algo. Ciudadanos se queda con la presidencia del Consejo Audiovisual, al proponer al también periodista Antonio Checa; el PSOE logra que no cambie el presidente de la Cámara de Cuentas, Antonio López, cuando aún quedan por pasar revista a numerosas cuentas de su etapa en la Junta. Adelante, el último grupo en sumarse, tiene pendiente proponer el nombre de una mujer como Defensora del Pueblo.

Se trata de consejeros con garantías de que van a defender las cuotas de pantalla de sus jefes en los telediarios

El PP, que reparte, se lleva la mejor parte. Tanto Porras como Mellado son dos profesionales con la confianza del consejero de Presidencia, Elías Bendodo, muñidor de las negociaciones, y de Juanma Moreno. La gran novedad en esta etapa está además en que desde el Gobierno se ha presentado a Mellado y Porras como una bicefalia al mando de la RTVA, uno desde el plano ejecutivo de la dirección general y otro desde el político del consejo de administración. Este tendrá que darle el visto bueno a la programación, los nombramientos de directivos o fichajes y las cuentas de la cadena pública que presente el equipo de Juande Mellado.

Y es en ese consejo de administración donde radica el meollo del pacto de los cinco partidos. Cabe recordar aquella frase de Pablo Iglesias cuando criticaba el acuerdo de Gobierno en Andalucía entre PSOE e Izquierda Unida (2012-2015), al reprocharle a esta que no negociara un telediario, que era lo importante.

Ningún grupo tiene mayoría absoluta, como sí tenía el PSOE en el anterior consejo. PP, Cs y Vox sí la suman, como en el Parlamento. Puede que en la mente de los que dirigen los partidos esté aquella recomendación de Pablo Iglesias. Las propuestas de nombres aprobadas invitan a ello, sobre todo dada la unanimidad de los grupos en votarse unos a otros y el que los nueve miembros del consejo de administración de la RTVA (también los del Audiovisual) pasaran el examen de idoneidad sin pregunta alguna de los portavoces y miembros de la Mesa del Parlamento, incluida su presidenta, Marta Bosquet. A ninguno parecía interesarle si los nominados reunían los requisitos de «reconocida cualificación y experiencia profesional» para ser consejero de la RTVA; o ser «persona de reconocido prestigio profesional» para el Audiovisual.

Como en etapas anteriores, salvo algunas excepciones, al consejo de la RTVA llegan personas de los partidos, bien de cargos orgánicos o de personal de los gabinetes de prensa. En esta ocasión también se ha utilizado la RTVA para situar a políticos que se han quedado descolgados en las pasadas elecciones. Se llevan la palma PSOE y PP. Susana Díaz justificó la propuesta de tres cargos orgánicos de su partido como consejeros porque en ningún caso se seleccionan para decidir la programación de Canal Sur. «Están para controlar que las cosas se hagan conforme a la ley, correctamente», dijo la expresidenta.

Para eso precisamente está la Comisión de Control de la RTVA en el Parlamento, con representantes de todos los partidos elegidos en las urnas. Varios colectivos de periodistas, entre ellos la Asociación de la Prensa de Sevilla, vienen reclamando desde hace años que dado que no se cumple que el consejo de administración esté solo integrado por profesionales independientes, sin adscripción política, que este sea suprimido y sus competencias las desempeñe la comisión parlamentaria. La propuesta no tiene visos de prosperar, dada la unanimidad en la votación de los nueve consejeros de la RTVA y de los otros nueve del Audiovisual.

Y es que no se trata solo de darle trabajo y un sueldo (de 60.000 a 80.000 euros anuales) a descolocados de los partidos. Tras el ciclo de elecciones son muchos más los que se han quedado sin trabajo. Se trata sobre todo de representantes con garantías de que van a defender los intereses de sus jefes políticos en los telediarios. Díaz ha delegado en uno de sus más fieles, Antonio Pradas, quien en el examen de idoneidad se preguntó por qué haber sido alcalde once años no se puede considerar de suficiente cualificación profesional para llevar los designios de Canal Sur. Moreno y Bendodo han colocado a Mariví Romero, sin cargo tras haber fracasado como candidata en Almogía, pero también compañera de fatigas del presidente en Nuevas Generaciones. Se presentó como adalid de la igualdad.

Todo parece muy surrealista porque no se trata de negarle a ningún político su bagaje de conocimientos y capacidades, que seguro que los tiene, sino de si ellos son los adecuados para dar el nuevo rumbo que necesita la RTVA. En este surrealismo resultó curioso que de los pocos que se acordaron de poner en valor la profesionalidad de los trabajadores de Canal Sur (1.462 personas) fue el representante de Vox, el periodista Carlos Morillas, hasta ahora del gabinete del grupo parlamentario. Es el único del consejo con experiencia en radio y televisión. En su pacto con el PP, Vox exige la redimensión de Canal Sur, pero antes había abogado por su cierre.