Recurrente

FRANCISCO MOYANO

AUNQUE gran parte del mes de septiembre siga siendo verano, lo cierto es que para la vida cotidiana el auténtico fin de la estación coincide con la despedida de agosto. La vuelta a la cotidianeidad, sin variaciones sustanciales en los planteamientos, nos lleva, año tras año a esgrimir una relación de argumentos que en esencia siguen poseyendo los mismos fondos aunque puedan variar las formas o los motivos que los generan. Comienza el curso académico y, por extensión, todos los demás «cursos», desde los políticos hasta los deportivos. En el Ayuntamiento de Marbella lo del paréntesis estival se ha ignorado y el mismo día de despedida agosteña se celebró pleno. Pocos asuntos tan recurrentes como la precariedad, ciertamente vergonzosa en una ciudad de la proyección excepcional de Marbella, del transporte público urbano. Recientemente era noticia la creación de una plataforma reivindicativa de soluciones al problema. La aprobación de licitar, por cuarenta y seis millones de euros para los próximos diez años, la concesión del transporte urbano, acordado en el pleno del pasado viernes, viene a suscitar la esperanza de que el servicio mejore. La verdad es que el enquistamiento del problema viene desde tan lejos que existe un pertinaz escepticismo que solamente desaparecerá con los hechos. La medida adoptada descarta una opción reclamada desde antiguo por sectores sociales y políticos: la municipalización del servicio; algo, según el equipo de gobierno, imposible de llevar a cabo en estos momentos. Naturalmente no falta en los medios de comunicación los consabidos reportajes sobre el coste que representa para las familias la vuelta al colegio. Hasta hace poco este era asunto que llenaba muchos minutos en los informativos de septiembre, pero este año desde prácticamente mitad de agosto comenzaron las argumentaciones; como la liga de fútbol, cada año se adelanta más. En ese coste de la vuelta al colegio se incluye la ropa y los zapatos de los niños y niñas. Cabe esperar que, aunque no tuvieran que incorporarse a la rutina académica, ninguna familia iba a mantener a sus hijos desnudos o descalzos. Pero parece que crea morbo la idea de que el sistema educativo puede ser origen de cierto quebranto económico que, sin embargo, nunca es debido a excesos de gastos en verano o a incurrir en determinados despilfarros. Desde hace diez años resulta también recurrente constatar cómo volvemos al trasiego habitual sin que en el «hospital fantasma» (es decir, la ampliación del Hospital Costa del Sol) se observe nada nuevo; ni se esperan movimientos. Próximamente habrá elecciones autonómicas y municipales; es casi seguro que entonces, inmersos en campañas electorales, se ofrecerán y prometerán soluciones que los ciudadanos y ciudadanas serán libres de creer o pasar de ellas. Asombroso parece que una obra pública se ejecute dentro de los plazos establecidos, sin embargo a punto está de producirse en Estepona, donde faltan prácticamente tres meses para que finalicen las obras del Hospital de Alta Resolución. En los últimos años se nos antoja que Estepona ha sido bendecida por alguna «omnipotente divinidad» que ha transformado la ciudad. Puede que tenga nombre y apellidos. Si alguien lo sabe que lo diga. En Marbella cabía esperar el balance de un año desde que produjo el cambio de gobierno municipal mediante el genuino procedimiento de la moción de censura. Como no podía ser de otra manera, para el equipo de gobierno han logrado salvar a la ciudad de un panorama sombrío y casi apocalíptico; para la oposición la situación es justamente la contraria: todos los males se concentran en la actualidad. Pero el auténtico balance no debe ser ninguno de índole partidista, sino el que los ciudadanos deberán efectuar en las urnas antes de un año. Los votantes dan y quitan razones. Pero para clásico de la recurrencia de fin de verano, el bochornoso y denigrante asunto del abandono de animales durante el verano. De ello donde más saben es en la Asociación de Animales Abandonados (Triple A); un verano más se han visto prácticamente desbordados, habiendo tenido que acoger una cantidad de perros y gatos que multiplica por tres la capacidad real de las precarias instalaciones con las que cuentan. Lamentable. Esto ocurre en un país como España, donde los programas televisivos más consumidos por la audiencia son todos ellos del formato denominado «telebasura». Nada nuevo bajo el sol. Todo muy recurrente. Incluso este artículo, pero es que tengo el día un poco grueso en materia de inspiración.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos