REAL Y MENTIROSA COFRADÍA

NO HAY CONSTANCIA DE LOS TÍTULOS RIMBOMBANTES QUE EXHIBEN MUCHAS DE LAS HERMANDADES

ANTONIO LUNA AGUILAR

De un tiempo para acá estamos asistiendo a un intento de «engorde» inusitado y desmedido por parte de algunas de nuestras cofradías. Es un engorde fruto de la ingesta de hormonas de crecimiento y anabolizantes de dudosa procedencia. No es un engorde consecuencia del trabajo y sacrificio, con los cuales se engrandece y dignifica aquello que hacemos, sino de la mentira, de la falsedad documental incluso, aunque esta última sea, digamos, una figura jurídica.

Tenemos que empezar aclarando que en el Código de Derecho Canónico vigente no aparecen por ningún sitio los términos «cofradía» o «hermandad», sino que nuestras tradicionales cofradías son denominadas «Asociaciones públicas de fieles». En el anterior, de 1917, sí que se nombraba «cofradía» a la que tenía, digamos simplificándolo, un culto externo, esto es, que procesione; y «hermandad» a aquella que se limitaba al culto interno. La tradición, el derecho consuetudinario, posibilita que sigamos utilizando cofradía o hermandad.

Como a cualquier otra asociación hay que nombrarla y, así, sus fundadores les ponen un nombre que las diferencie de las demás, Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno o Hermandad de la Soledad. Pero, claro, para algunos esos sencillos nombres no contribuyen al engrandecimiento de sus corporaciones nazarenas.

Pontificia, Real, Ilustre, Humilde, Antigua, Venerable, Sacramental... son títulos que algunos ostentan en propiedad, otros sin ella. Son títulos que concede quien lo puede conceder: el Papa, el Rey, el Ayuntamiento, la Iglesia... Y se conceden, por escrito, por propia iniciativa o por petición expresa del interesado, que debe alegar motivos suficientes para ello.

En Marbella, según nuestras noticias, sólo hay una cofradía que tenga derecho al uso del título «Real», por expresa concesión de S.M. Juan Carlos I. De los demás títulos, rimbombantes, que exhiben no tenemos constancia alguna.

Otra fórmula que han encontrado para alargar el nombre es la de autodenominarse de culto y procesión, cofradía y hermandad, cofradía de nazarenos...

En cuanto a Sacramental, tenemos que decir que sólo puede haber una por parroquia y en la parroquia de Santa María de la Encarnación ya existe la Hermandad Sacramental.

Se argumenta que la pertenencia o aceptación de cargo honorífico por alguna persona o institución es mérito suficiente para reflejar en el nombre la condición. ¿Si el gremio de zapateros, o el ínclito Zp, anterior presidente del Gobierno, aceptaran ser hermanos mayores honorarios, la cofradía debería intitularse «Zapatera», o, como fue el caso con Jesús Gil, «Gilista»?

También se podría argüir que el nombre está en los estatutos o reglas y que estos han sido validados por el Obispado y que, por tanto, están «consolidados».

Entre las normas que debe regir la vida de un cristiano, la fundamental, están los Diez Mandamientos, y, entre ellos, el Octavo, se encuentra el que dice: «No darás falso testimonio ni mentirás» y la Iglesia entiende que sus hijos no deben mentir. Así, si presentan unos documentos para su aprobación e inscripción en su registro de asociaciones públicas de fieles, no entran a juzgar si la nomenclatura es cierta, sino si los estatutos están redactados conforme a lo preceptuado.

A raíz de la publicación del libro de Fernando Álvarez Cantos, «Marbella cofrade», alguno ha descubierto que, en tiempos pasados, existieron imágenes hoy desaparecidas, y que fueron procesionadas. Pero esto no justifica el declararse herederos y asumir antigüedad alguna. Porque no hay que olvidar que todas las cofradías de Marbella se han fundado «ex novo», esto es, que la anterior, si la hubiere, se extinguió.

Otro extremo llama la atención, y este es el número de nazarenos que aparecen en las guías de Semana Santa. Las cofradías, como cualquier otra asociación, tienen un número de cofrades que (en Marbella al menos) desconocen hasta el momento mismo del pago de las cuotas y es en ese momento cuando también conocen cuáles y cuántos de ellos van a participar en el cortejo procesional. ¿Cómo todos declaran números redondos, 100, 200... y no 103, 206...?

Por todo ello, pueden incluir entre sus títulos el de «Mentirosa».

Antes las cofradías «perseguían» a notables para incorporarlos a sus filas al objeto de darse lustre. Hoy es al contrario, algunos se acercan a las cofradías con fines inconfesables; aunque más pronto que tarde se les ve el plumero.

Hay que trabajar, sacrificarse, hay que ser serios para conseguir que nuestras cofradías sean grandes en todos los sentidos.