El puente de la Inmaculada Constitución

En lo que llevamos de milenio solo se ha reformado la Constitución para darle un lexatín a los mercados

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

¿Ha venido toda España a Málaga este puente? Esta pregunta tan pertinente fue lanzada en un grupo de Whatsapp creado por unos amigos para la cena de ayer. El grupo se llamaba San Nicolás y la cena se dedicaba en su honor porque estos amigos son Europa. El que hace la pregunta lleva 15 minutos parado en un coche en calle Carretería. Otro que lleva 40 minutos esperando el 11 responde que sí, que vienen por las luces. Yo respondo «como las polillas», y me quedo muy ancho porque todavía estoy con el aturdimiento típico de las grandes comidas. Empezó a las cuatro de la tarde en un chiringuito de Pedregalejo, donde hay tanta gente que parece que regalaban la comida. Los cafés llegaron a las seis. Tuvimos que pedir la cuenta cuatro o cinco veces. Todavía teníamos la servilleta sobre nuestras rodillas y la noche empezaba a caerse y el cielo se convertía en un modelo de Instragram. Y eso que no hubo copas.

En la prensa local hay un subgénero periodístico en las noticias que informan de que la gente ha salido a la calle. Leo que Málaga celebra el puente de la Inmaculada y me detengo: una de las grandes derrotas del laicismo es que ponemos nombres de vírgenes a los puentes, en lugar del de una ley que nos ha dado la vida. Este no es el puente de la Inmaculada, es el puente de la Constitución -lo dice uno que ha ido a una cena por San Nicolás-.

Esta pequeña diferencia genera una mayor profundidad de valores democráticos en el mismo acto hedonista de salir a la calle. La gente sale en masa para celebrar los cuarenta años de la Constitución Española. No hay color. El experimento de añadir un valor confesional a la ley y a la propia salida a la intemperie supondría inexorablemente una remezcla: el puente de la Inmaculada Constitución tendría sentido, porque apenas la hemos tocado. En lo que llevamos de milenio solo se ha reformado la Constitución para darle un lexatín a los mercados y obligarnos, por ley, a que lo primero que haya que hacer sea pagar deudas. La reforma se realizó un 23 de agosto, sin nadie que no tuviera el cerebro demasiado frito como para hablar de cosas serias. Los políticos solo quieren reformar la Constitución cuando están en la oposición o cuando están de puente. El poder te cambia la personalidad. Esto lo explicó muy bien la eterna candidata al Nobel, Carmen Calvo, cuando trató de convencer a un periodista de que el Pedro Sánchez de la oposición era distinto al Pedro Sánchez presidente del Gobierno, y lo que dijera uno no se le podía achacar de ninguna manera al otro porque eran personas distintas. El poder cambia tanto como lo hacen las vacaciones. Celebramos un San Nicolás laico tras el aturdimiento de una comida larga y previa posibilidad de enclaustrarse después, mecido en la combinación de sofá, manta y banda ancha.

 

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