Preparacionistas

Antonio Soler
ANTONIO SOLER

Ayer nos enteramos por este periódico de que hay muchos más preparacionistas de lo que se creía. Muchos más locos, o mucha más gente precavida. Depende de cómo se mire la cosa. Los preparacionistas son esas personas que llenan el sótano -los preparacionistas abundan en USA, donde abundan los sótanos- de alimentos, aprenden a pescar con una caña y a disparar flechas con otra caña. Saben de pernos, poleas y hacen fuego con una yesca que asimismo saben encontrar o fabricar. Tienen argumentos bastante razonables para hacer lo que hacen.

Temen un ataque zombi, que les caiga en la cabeza una bomba de pulsos electromagnéticos o incluso al 'Brexit' duro, por no hablar de la consabida guerra nuclear. Alguno, según parece, también le teme a Pedro Sánchez y a su intención de montar un gobierno monocolor. En concreto, el preparacionista al que más pánico le produce eso es Pablo Iglesias. Si no es ministro, Iglesias se ve a sí mismo como un zombi, vagando por las praderas de Galapagar con los brazos extendidos y viendo qué hueso echarse a la boca. Algo sabe de eso. Lleva en la bodega de Podemos no se sabe cuántos cadáveres. Otros ya han revivido y transitan por el mundo de los vivos, tipo Errejón. De modo que, advirtiendo la llegada del meteorito o de la bomba, el preparacionista Iglesias aprieta, le ofrece a Sánchez disciplina y buena conducta en el asunto catalán. Promete morderse la lengua y no decir que hay presos políticos y da palabrita del Niño Jesús de que si por desgracia llega otro 155 él mirará para otra parte, que, según creen algunos, es una forma de hacer política de Estado.

Estado de gracia, en ese punto de mágica creatividad es desde el cual ha redactado la pregunta y las respuestas que le plantea a las bases sobre el posible pacto con los socialistas. Les da dos opciones. Participar honrosamente en el Gobierno o fregarle las escaleras al PSOE. A ver qué deciden sus bases. Un marrón. Los militantes de esta formación siempre andan comprometidos en asuntos complicadísimos, ya sea para decidir la mudanza de su líder o, como ahora, lavarle la cara. Teresa Rodríguez ya lo ha decidido. Ella no va a lavar nada. No va a estar correteando por los bosques disparando flechas a lo Robinson Crusoe ni desollando conejos. La líder andaluza considera la pregunta de Iglesias como un insulto a la inteligencia. A Ramón Espinar le parece un burdo juego de manos. Qué fue del 11-M se preguntan ellos y unos miles de militantes. Dónde está aquel enemigo de la casta que vapuleaba al régimen del 78, no creía en el euro ni en Europa y ahora es un constitucionalista cabal que guarda víveres en el sótano de su chalet y se preocupa por el futuro. La coleta se le ha hecho escayola lo mismo que la mujer de Lot se convirtió en sal por mirar adonde no debía. Veremos cómo reacciona cuando Sánchez baje de la montaña y le muestre las verdaderas tablas de la ley.