La predistribución

ANTONIO PAPELL

José Juan Ruiz ha publicado un artículo muy interesante sobre cómo combatir los elevados niveles de desigualdad resultantes de la gran crisis, aparentemente superada en términos macroeconómicos pero que ha dejado secuelas en forma de inequidad, exclusión y pobreza.

El referido análisis desarrolla la siguiente idea: «Buena parte de las propuestas que se hacen para mejorar el crecimiento o reducir la desigualdad en los países desarrollados parecen descansar en la convicción de que para cualquier nivel de desigualdad existe una combinación de transferencias monetarias e impuestos que, sin afectar al crecimiento, permite restaurar el nivel deseado de cohesión». Es decir, primero se deja actuar al mercado, prácticamente sin reglas ni límites, y después se intentan corregir los efectos más dañinos -la excesiva inequidad, los salarios demasiado bajos, la pobreza en general- mediante medidas redistributivas de gasto social y/o de política fiscal. La eficacia de este método es dudosa: con el mismo gasto social, pueden conseguirse efectos muy distintos sobre la igualdad y se constata que en la OCDE tiende a disminuir la eficacia de tales políticas sociales y fiscales para corregir las desigualdades.

Como alternativa a esta forma de actuar, se sugiere intervenir preferentemente en la predistribución, es decir, en la gestión del proceso económico de forma que sus resultados directos sean más equitativos. En nuestro país, por ejemplo, uno de los problemas candentes de inequidad es la baja cuantía de los salarios, y la terapia más adecuada no es la redistribución de rentas a posteriori sino la restauración de la capacidad de negociación colectiva de los trabajadores a priori. Si se hubieran revertido algunos aspectos de la última reforma laboral, como el que da primacía los convenios de empresa sobre los de sector, lo que reduce a cero la capacidad de presión de los sindicatos, no habrían descendido los salarios a los niveles paupérrimos actuales.

En definitiva, gran parte de la desigualdad tiene su origen en el nivel predistributivo, que es donde deberíamos actuar con mayor ingenio e intensidad. No será fácil, pero es el buen camino.