Política rápida

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Las campañas electorales, como los locales de comida rápida, atiborran pero no nutren. Tal vez por eso, para ilustrar el balance de su paso por Andalucía, a Pablo Casado le pareció una buena idea colgar en redes sociales la fotografía de un almuerzo familiar en McDonald's junto a Juanma Moreno. La imagen, además de suponer una coz innecesaria a la hostelería andaluza, sólo cobra sentido como uno de esos anuncios antiguos de la televisión en blanco y negro. En la escena compartida por Casado, las mujeres de los dos líderes del PP, idénticamente rubias y sonrientes, se ocupan de los niños mientras miran a sus hombres desde un segundo plano, porque en España el machismo dicta que la discreción, más vinculada a la anulación que a la prudencia, resulta un valor añadido entre primeras damas y aspirantes a serlo. Mejor si no hacen ruido y se limitan a posar cuando toca. Pagaría por ver a alguna de estas dos desconocidas, o a ambas, de quienes apenas sabemos nada más allá de su trabajada capacidad para no desafinar en público y un par de apuntes biográficos propios de las crónicas sociales, rebelándose contra ese papel secundario e incluso arrebatando el poder a sus maridos, como el personaje de la hipnótica Robin Wright en 'House of cards', la serie que ha acabado protagonizando en solitario tras cinco temporadas a la sombra de Kevin Spacey.

Decíamos que hay comida rápida como también hay política rápida, congelada pero servida con falsa apariencia de frescura. Ni siquiera los candidatos están dispuestos a tragar tanto mensaje trillado sin protestar, como ocurrió durante la presentación de la lista del PSOE por Málaga, cuando un miembro del partido bromeó con Ruiz Espejo antes de que atendiera a los medios: «No des un mitin, José Luis». El comentario, aunque jocoso, revelaba el hastío generado por la cascada de eslóganes y lugares comunes con que nos saturan antes incluso de que comience la campaña. Como aún conservo cierta dosis de inocencia, confío en que alguien, antes del 2 de diciembre, renuncie al eco promocional para ofrecernos algo parecido a la honestidad; una disculpa por los recortes en sanidad y educación, un lamento por los compromisos olvidados, un gesto de pánico ante la responsabilidad por venir, la sacudida de los tópicos incluidos en el argumentario de su partido o una foto almorzando en familia, con las mujeres dirigiendo el cotarro y los niños manchados de kétchup hasta las cejas porque los abrefáciles, como algunos políticos, nunca cumplen lo que prometen.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos