LA POLÍTICA IMPACIENTE

JOSÉ MANUEL BERMUDO

Lo que tienen los cambios de gobierno es que cada cual se confecciona su lista particular de expectativas para un futuro inmediato, esperando que en muy poco tiempo se noten las actuaciones de los nuevos dirigentes para ver si son útiles a sus intereses. En caso contrario, que no hablen de cambio con tanta frecuencia, pensarán algunos impacientes. En nuestra comunidad autónoma no estamos muy acostumbrados que digamos, porque durante treinta y seis años ha estado dirigida por los mismos, por eso se perciben mucho más las reacciones que allí donde es frecuente la alternancia. De todas maneras, lo que primero se ha notado ha sido la respuesta de aquellos a los que no les ha gustado nada la nueva situación, que no han tardado en mostrar su desacuerdo con que lleguen al poder otros grupos políticos que llevaban muchos años en la oposición, junto a otros que hace unos años ni siquiera habían nacido.

Esto podría llamarse política preventiva, podríamos decir, o ponerse la venda antes del golpe, en donde se utilizan eslóganes que suelen servir para muchas situaciones: «No pasarán», «ni un paso atrás», «por nuestros derechos» y otros que ya habíamos escuchado en diversas situaciones, aunque ya ni recordemos quiénes eran los que protestaban y contra quién. Antes de que el nuevo gobierno comience a funcionar ya se han producido actuaciones en su contra que recuerdan a épocas pasadas, a viejas formas que producen sonrojo a los viejos militantes de partido. Ya saben, aquello de viajecito en autobús y bocadillo para acudir a apoyar a alguien o a protestar contra algo, siguiendo las directrices de uno o varios grupos políticos.

Posiblemente se inicie en Andalucía una etapa política movida, dada la suma de fuerzas existentes, pero guste o no la situación, no deja de ser el resultado de unas urnas, que es lo único incontestable entre tanta discusión o griterío, aunque algunos no quieran pararse a pensarlo. Y a partir de ahora seguro que habrá momentos de dura oposición cuando algunas medidas provoquen el descontento, que todo llegará, y habrá que rescatar viejos lemas de protesta, aunque algunos estén bastante desgastados. Pero la impaciencia en la política suele ser generalmente mala consejera, porque se producen actuaciones precipitadas que quedan fijadas para el futuro y de las que a veces no son pocos los que se arrepienten después.

Una las situaciones palpables de los últimos días es el protagonismo que las fuerzas de izquierda están dando a Vox. Con la intención de demonizar sus posiciones le están proporcionando una publicidad que sus dirigentes nunca hubiesen pensado tener y que, indudablemente, nunca podrían haber pagado si se hubieran decidido a contratar una campaña privada. Aquellos que desconocían quienes eran estos «atrevidos novatos», ya se saben con pelos y señales hasta los más mínimos detalles del grupo y sus representantes, mientras escuchan frecuentemente como los demás se refieren constantemente a ellos. Lo dicho, impagable.

Los más pacientes en política, quizás por haber vivido distintas experiencias, se mantienen a la espera de que una nueva política mejore sus intereses, por ejemplo, al frente de ayuntamientos. Llegará el momento de que pregunten «¿qué hay de lo mío?» y recuerden cuáles eran los cambios que anunciaron cuando se encontraban en campaña en busca de apoyos. En la Costa del Sol casi todos le van a recordar al nuevo presidente de la Junta que él es malagueño y que hay cosas pendientes con el gobierno autonómico que esperan que les resuelva. Seguramente no habrá ni que recordárselas, porque durante un tiempo las llevaba incluidas en su discurso electoral. Y, ya se sabe, que hasta los más pacientes creen en los cambios cuando los ven materializados en hechos. Algunas cosas no varían mucho.