Política de ibuprofeno

José Antonio Trujillo
JOSÉ ANTONIO TRUJILLOMálaga

Cataluña es un otoño sin verso. De flores que nacen con la mitad de sus pétalos, en unas calles a las que les sobra el peso de los gritos de los matones de los CDR que arquean su futuro. La resistencia de las personas que abandonaron las ramblas chocan contra el higiénico silencio de los políticos equidistantes.

No hay futuro alguno en manos de la apuesta secesionista, empeñada en romper el proyecto común español de convivencia y prosperidad. El afán por la diferencia y la desigualdad describe sin engaño una Cataluña imposible.

Este otoño es el de la despedida de la política de ibuprofeno diseñada por Pedro Sánchez. España no logra acostumbrarse en una vida al desgarro catalán. En Andalucía ha quedado claro que la tibieza es castigada y que el empeño estéril de apaciguar con quien nada quiere dialogar sólo puede ser una vía muerta por la que no hay que seguir transitando. Para los secesionistas todo siempre es poco.

El ministro Borrell, víctima de un lapo cruel y atrapado por sus pecados fiscales, se atrevió sólo a susurrar el otro día que no hay antiinflamatorio posible que remedie la gravedad del enfermo catalán. Cada vez más líderes autonómicos socialistas le están diciendo a su secretario general que no sirve por más tiempo ese particular bálsamo de Fierabrás con el que soñó sanar todos los males del secesionismo. Están reaccionando ante lo que se le viene encima en los próximos comicios, donde saben que antes perderán su poder a que España pueda romperse. La decepcionante reunión que tuvo Sánchez con ellos no despejó las nubes que se ciernen sobre cada uno de los territorios donde los ciudadanos no le perdonarán al PSOE su inconsistente política territorial, prisionera de un pacto de investidura que puede convertirse finalmente en el principio del fin de un socialismo desnudo con pocas referencias ideológicas.

Frente al desvarío secesionista catalán sólo cabe la firmeza de la ley de los que vertebran nuestra sociedad y quieren proseguir con este proyecto histórico de nación. Un nuevo 155 debería ser el antídoto inicial a despachar en nuestra particular botica constitucional.

La celebración del próximo Consejo de Ministros el próximo 21 de diciembre en Barcelona y todo lo que ocurrirá a su alrededor nos permitirá constatar nuevamente que el ibuprofeno es sólo un antiinflamatorio no esteroideo y no un buen antídoto político.