Y Pili se fue

José Miguel Aguilar
JOSÉ MIGUEL AGUILAR

Entre las sombras de la maldad apareció la cruel enfermedad para engañar a una persona buena. Y Pili se fue, sin más, luchando sin parar, sin dejarse vencer, pero ganó la cruda realidad. Ya no podré regañarte más -y mira que me gustaba hacerlo solo por ver tu cara de sorpresa- por empeñarte en sufrir tanto con la política, por no entender que la sociedad carece de la bonhomía que a ti te caracterizaba. Nadie era como tú, entre otras cosas porque es imposible encontrar a alguien con las virtudes que te caracterizaban. Ya sé que estabas en política para ayudar a los demás, pero en esta vida tan injusta hay buenos y malos, y yo me siento orgulloso de haberte conocido, de haber compartido confidencias, de haber debatido tanto contigo con las ideas sobre la mesa. Empuñaré la rosa como epitafio de una vida intensa, y levantaré con fuerza el puño para protestar con rabia por tu adiós prematuro. ¡Nos quedaban tantas cosas que decirnos!

Y Pili se fue, pero se queda su ingente obra de solidaridad, su afán por la filantropía, y yo me quedo huérfano de tu mirada inquisitoria mandándome callar cuando te jaleaba en misa al escucharte abrazar la música celestial que salían de tus manos al acariciar la guitarra en ese momento en el que tus ojos se detenían en esa virgen pequeñita que ha guiado tu vida. En estos momentos debes permitirme que me enfade con ella por dejarte marchar, aunque tú pienses que la razón no es otra que a Dios le falta a su lado la virtud de tu bondad, dado que cada día son muchas las personas malas que abandonan este mundo, y claro, hay que compensar. La pena es que la elegida hayas sido tú. Cuando acuda de nuevo a la iglesia intentaré escudriñar en el retablo la mirada de la virgen a ver si me desvela la verdad, porque no me puedo creer que te hayas ido, me gustaría pensar que volverás. En este mismo rincón que ahora se llena de lágrimas te escribí un día que lucharas con todas tus fuerzas porque nos quedaba mucha vida por disfrutar. Sé que te resististe a dejarnos, pero esa maldita enfermedad de tan cruel nombre pudo contigo. La odio. Solo ella podía arrebatar el poderío que exhibías con tu bolso siempre grande repleto de empatía.

Y Pili se fue, y el pueblo sin ti ya no volverá a ser nunca más el mismo. Te imaginaré siempre inhiesta en Los Cantos. La plaza que compartimos desde nuestra infancia se llena de silencios, se cubre de vacíos, tantos como tú dejas. Lo voceo a los cuatro vientos y lo escribo con la claridad de las palabras sinceras, en la hora de tu adiós me reafirmo en que necesitamos a nuestro alrededor personas como tú. Y Pili se fue... Te voy a echar mucho de menos, amiga mía.