El perejil de todas las salsas

DIEGO CARCEDO

De pronto Villarejo se ha incorporado a todos los momentos de nuestras vidas, a nuestras sorpresas y a nuestros vómitos. Aparece y reaparece como el Guadiana cuando menos se le espera siempre entre la maleza y la cochambre política, social y económica. Está en todas partes; no se puede decir que como el Espíritu Santo porque, a juzgar por sus obras y milagros, más bien lo que encarna es el espíritu del mal. Se trata sin duda del personaje de un año como 2018 saturado de hechos tristemente memorables. Los medios recogen noticias suyas a diario. Sus obras completas, maquiavélicas y perturbadoras, no parecen tener fin. Ni siquiera en las más intrincadas novelas policiacas, un comisario consiguió tanto protagonismo y más compitiendo con a los delincuentes. Algunas veces se revela como el centro áulico del triste entramado de la corrupción en sus variantes. Reaparece tras cada escándalo, poniendo siempre la nota de negro, convertido en el perejil de todas las salsas.

Su primera cualidad vital es la omnipresencia conspiranoica, pinchando teléfonos, violando intimidades privadas o mercantiles, chismorreando conversaciones telefónicas, inmiscuyéndose en todo género de chanchullos y cambalaches. Hay quien se pregunta de dónde sacaba tiempo para semejante actividad. Para mantener al día tantas relaciones, para diversificar su atención en tantos frentes, para ocultarse de la ingenuidad ajena. Nada le ha sido ajeno al tal Villarejo. Nadie que cuente un poco en la sociedad puede sentirse seguro ante su amenaza.

¿Cómo es posible -nos preguntamos muchos- que una sola persona sea capaz de desplegar tanta actividad? De desplegarla y mantenerla oculta; para desarrollarla en el secretismo y conseguir víctimas para ofrecer en bandeja a sus clientes. Que trabajaba solo resulta inimaginable. Cuanto más se va descubriendo de su actividad, más interrogantes surgen. La primera, y más preocupante, es la identidad de sus cómplices. Seguro que son muchos. Y, ¿qué hace la autoridad competente que nos los busca y les ajusta cuentas? En su condición indiscutible de CEO de las cloacas seguro que cuenta con un buen equipo a sus órdenes.

¿Tantos temores despiertan sus cintas dormidas? Tampoco es menor la duda que suscita la impunidad en que se movió durante tantos años, enriqueciéndose ostensiblemente, rodeado de vigilantes del orden, sin autodelatarse, inmiscuyéndose en asuntos delicados y terrenos fangosos. En su actividad nada le era ajeno ni extraño: los gobiernos, el CNI, los partidos, los bancos, las grandes empresas, los periodistas... Nadie que contase algo en la vida pública. Era al tiempo el justiciero y el rey de la delincuencia cinco estrellas.

Habrá que esperar a que la Justicia aclare un poco la responsabilidad del personaje. Para general tranquilidad, ya se halla en prisión preventiva desde hace meses. Hay que respetar su condición de presunto.