EL PERDÓN

MANUEL MARLASCAJEFE DE INVESTIGACIÓN DE LA SEXTA

Cuenta la hermana Helen Prejean en su libro 'Pena de muerte' que Mathew Poncelet solo pidió perdón por haber matado a dos adolescentes instantes antes de que le metieran en las venas el cóctel con el que el estado de Luisiana acabó con su vida. Ana Julia no ha esperado tanto. La petición de perdón llegó durante el interrogatorio de la fiscal, cuando vio la fotografía que la Guardia Civil le hizo el 11 de marzo de 2018, minutos antes de ser detenida. La imagen se proyectó en un enorme monitor en la sala de la Audiencia de Almería y en ella se aprecia perfectamente a la mujer con el cuerpo desmadejado de Gabriel en sus brazos, introduciéndolo en el maletero de su coche, 12 días después de haberle dado muerte. Ni ella misma ha soportado verse en ese monitor, convertido en el espejo que ofrecía su cara más malvada, ha pedido perdón a lágrima viva: «Por favor, perdonadme».

La cara B de Ana Julia, la Ana Julia que se esconde tras la encarnación del mal en la que se ha convertido, ha sido la que se ha empeñado en enseñar su abogado defensor, Esteban Hernández, durante el interrogatorio: su llegada a España con 18 años, cómo su propia hermana la metió a trabajar en un prostíbulo, los malos tratos de los que dijo ser víctima por parte del padre de sus hijas... En los oídos del jurado aún resonaba la triste historia de Ana Julia cuando en el monitor ha irrumpido su hija, Judith, que declaraba como testigo desde una sala de Burgos y ha hecho una primera petición: «No quiero ver la imagen de mi madre», como si al no verla, dejase de existir.

Un biombo ha separado en la sala a Ana del resto de testigos: una amiga de Ángel, su expareja, el padre, la abuela y una prima de Gabriel. Un biombo con el que todos pretenden exorcizar el mal encarnado en la Ana Julia que, con una media sonrisa, contó que preparaba a Gabriel batidos con «dos galletitas Oreo», porque su madre no le dejaba tomarlos. La madre del pequeño no ha querido biombos, quería mirar al mal de cerca, muy de cerca, y hasta hablarle: «Eres mala, muy mala, rematadamente mala». Y la misma Ana Julia que por la mañana reconoció que golpeó el brazo de Gabriel con un hacha, «porque se le quedó una manita fuera», ha vuelto a llorar. Como Mathew Poncelet antes de morir.