Pepe Arenilla

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Había llegado a las 4 de la madrugada desde Vejer de la Frontera, y allí estaba, en los corrales ubicados en la calle Cervantes, cuyos vecinos de los pisos más altos de enfrente pueden presumir de saludar todas las mañana en estos días de feria a los toros que esperan el momento de los timbales y clarines. Piel curtida por el sol y el aire del campo, manos grandes y curtidas por un trabajo que se adivina duro y exigente, allí estaba Pepe Arenilla, mirando a los toros de la ganadería de la que es mayoral (Núñez del Cuvillo), pendiente de todo detalle. De buenas a primeras emite unos pocos sonidos ininteligibles para cualquier humano, pero no para los toros, porque todos lo miraron, y uno de ellos, especialmente, se dirigió hacia él con el cuello estirado y mirando hacia arriba para verlo mejor: Pepe seguía emitiendo su particular lenguaje, y juro que ese toro número 38, de nombre Laborioso, ya 'veterano' porque superaba los cinco años de edad, lo entendía y le contestaba. La imagen era impresionante, una más en el ritual taurino que se vive a lo largo del día en La Malagueta. Pepe y sus toros hablaban. Que yo lo vi. «¿Y a usted lo conocen?». «Pues claro, son muchas horas juntos, desde que nacieron». «¿Y los quiere?». La nueva pregunta sorprendió a Pepe, que por primera vez aleja su vista de 'sus' toros... «Anda que lo que me dice, pues como el que tiene un perro o un gato». Ya para terminar, la que faltaba: «¿Y no le da pena saber que en unas horas va a morir?». La respuesta fue contundente, taxativa: «Si no existiera la fiesta taurina, estos animales no habrían nacido, los toros no existirían; su raza como tal habría desaparecido hace siglos. Así de claro. Es ley de vida: se nace y se muere». Pepe volvió a centrarse en sus toros y la conversación acabó. «Oto, oto, tuu, tuu, wich, wich...», siguió hablando con Laborioso. Tomen este artículo como homenaje y admiración a Pepe Arenilla, así como a todos los hombres y mujeres que hacen posible la gran fiesta de los toros. Honor y gloria a todos. Su esfuerzo y su entrega mantienen la fiesta nacional.