Pedro Sánchez, camino de Zapatero

Manuel Castillo
MANUEL CASTILLOMálaga

Allá por 2008, la actual vicepresidenta del Gobierno de España, Carmen Calvo, se definía así: «No soy un producto típico y por eso no salgo tanto en los medios. A los medios le interesan los políticos que venden humo». Pero diez años después, la ministra parece empeñada a toda velocidad en vender humo; no sabemos si para salir en los medios o porque representa fielmente una forma de gobernar de Pedro Sánchez basada, visto lo visto, en los golpes de efecto. El presidente Sánchez va camino de superar en tiempo récord a Zapatero en un modelo de política superficial, sin profundidad y frívola. Lo importante no es gestionar, sino que parezca que se gestiona. Así, por ahora, es este PSOE de Sánchez Presidente (SP).

Si echamos un vistazo a las últimas apariciones públicas de Carmen Calvo podremos calibrar, creo que con bastante exactitud, si es o no una 'vendehumos'. «Tenemos una Constitución masculina», dice Calvo, que ha pedido un informe a la Real Academia Española para adecuar la Carta Magna al lenguaje inclusivo. Llama la atención la urgencia de esta medida y, ya puestos, el silencio de su señoría sobre el hecho cierto de que algunos de sus compañeros de partido pagaran con una tarjeta de una la fundación pública del Gobierno andaluz una juerga de 15.000 euros en un prostíbulo de Sevilla. No quiero imaginar si, en vez del PSOE, los investigados fueran de Podemos, de Ciudadanos o del Partido Popular.

También ha dicho la ministra Calvo que los hombres, «en su inmensa mayoría, son personas decentes». Toda una declaración universal, «todo un acontecimiento histórico en nuestro planeta», que diría su colega Leire Pajín. Imagino que pensará lo mismo de las mujeres, de los españoles o de los humanos. Y también de los socialistas, a excepción claro de los que se fueron de putas y pagaron con una tarjeta de crédito del Gobierno andaluz.

Pero el Gobierno de SP sigue con sus medidas urgentes para mejorar el país. Una de ella la creación de una 'Comisión de la Verdad' -sólo el nombre da miedo; al menos podía ser una comisión de verdades- y la ilegalización, entre otras, de la Fundación Franco. En mi opinión, es absolutamente anacrónico que el dictador Franco siga enterrado con honores en la basílica del Valle de los Caídos, que debería reconvertirse en un centro de la concordia, y me parece saludable ayudar a la exhumación de víctimas de la Guerra Civil, enterradas aún en fosas y sin identificar. Sin embargo, entiendo que la mejor manera de alcanzar la reparación de tanto dolor es aunar esfuerzos y voluntades, como se ha hecho, por ejemplo, en Málaga. La reconciliación no se logra con más banderas, sino con el deseo sincero de resarcir y curar heridas. Porque parece que hay quienes prefieren que sigan abiertas.

Y SP abandera también el fin de la asignatura de religión, una medida a todas luces imprescindible en el caótico sistema educativo de este país vapuleado en cada cambio de Gobierno, tanto por el PSOE como por el PP.

Da la impresión de que esto es un déjà vu, como si se quisiera poner en la agenda diaria a Franco, la religión, los colegios concertados, el lenguaje inclusivo, la memoria histórica, la paridad en los consejos de administración y toda una serie de asuntos que pueden ser relevantes, pero que en este caso son fuegos de artificio para quedarse en la superficie y pasar por alto otras mucho más importantes para la vida del país y de los ciudadanos, como el empleo, la Educación, la unidad del Estado o la financiación autonómica que ha aparcado de un plumazo para ridículo de su ministra Montero. Al final, como siempre ocurre, colarán de rondón una subida de impuestos para la clase media, para esos autónomos, asalariados y pymes que siempre terminan pagando los platos rotos de la juerga de cada Gobierno, con tarjeta o en efectivo. Sánchez Presidente ya se ha mostrado corriendo, con su perro, con Obama, con gafas del sol en su avión presidencial o con Donald Trump. Quizá lo que hace falta es que algún día empiece a mostrarse de verdad como presidente del Gobierno de España.

 

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