Pedro Pablo Paco Casado

Nosotros lo que tenemos que ponernos es el babero. Para no mancharnos el 28-A

Antonio Soler
ANTONIO SOLER

Se trabucó Juan José Cortés, este hombre al que la desgracia le dio un nombre y de cuyo nombre ahora quieren sacar provecho en política. Un toma y daca. Cortés ya coqueteó con otras fuerzas políticas. Quizá producto de ese patinaje artístico se produjo este otro derrapaje de nombres, sin tener muy claro a quién debe ensalzar y a quién vituperar en medio del mitin preelectoral. Da igual que lo tuviera delante, o a su costado mejor dicho. Pablo Casado aguantaba con su rictus de marioneta el desbarre titubeante de Cortés, que no sabía si llamarlo Pedro, Paco o Pablo Mármol. La cosa tenía aire de guiñol y monigotes animados, efectivamente.

Cortés sufrió el mal del paracaidista, y Casado también. Al padre nacido del drama le pudieron pesar los nervios por más que el hombre haya pisado mucho plató, mucho despacho oficial y se haya familiarizado con los micrófonos en los últimos años. Sin alejarnos mucho en el tiempo ni en la geografía pudimos ver en directo su dominio de los medios en otra desgracia, la del niño Julen. Allí, Cortés se erigió en portavoz, organizador y líder espiritual. Hubo quien lo llamó buitre. Mala cosa remover el dolor y hacer malas metáforas cuando la desgracia es tan grande. Ya hemos visto a los verdaderos carroñeros vestidos de progres alimentarse de aquel suceso. Mejor dejarlo estar.

Otra cosa muy diferente es la política, y más aún cuando la quieren disfrazar de pachanga, que finalmente es lo que ocurre con sucesos como el de Cortés, Casado y todos esos fichajes estrambóticos, ese bombo y platillo que va pareciéndose cada vez más al número del trompetista y la cabra callejera. Ya solo queda que se nos revuelquen entre cristales de botellas rotas, por Cataluña, por el 155, por Villarejo o el Cid Campeador. Frente a los viernes milagro de un PSOE berlanguiano, la derecha saca los caballos del establo y los empolvados pendones del trastero. Incluso rebuscan en el diccionario para llamar felón al contrincante. Eso también era del Capitán Trueno. Rompetechos, Pepe Gotera y Otilio. Por el otro lado, Pablo Iglesias, tratando de inflar también su drama, su espionaje, se va a que lo entreviste un youtuber y pide, juvenil, traviesillo y yeyé, «Id a votar, cabrones». Eso, no os quedéis apalancados, joder, qué rayado me quedé con Pedro Sánchez en la habitación de un hotel, que parecía que íbamos a follar y no a dialogar. Qué maravilla, qué altura, qué nivel. Iglesias se quita la casta de encima lo mismo que los otros se quieren quitar la caspa. Se quiere sacudir el chalet y la socialdemocracia de quita y pon que usa para el público senior con esta función juvenil, más bien infantil. Qué buen guiso, qué buen aliño habría hecho con Bertín y su potaje político, porque la carne es la misma, el populismo es el mismo. Solo que unos le ponen una salsa y otros otra. Nosotros lo que tenemos que ponernos es el babero. Para no mancharnos el 28-A.