El Pata

FRANCISCO APAOLAZA

Puede que El Pata ya se hubiera ido un tiempo antes de irse; a saber cuánto. Quizás no quedara nada de él en ese tipo que miraba con indiferencia la sucesión de atardeceres y de mediodías al otro lado del cristal de la ventana de una residencia. Por eso lo habíamos llorado mucho antes del viernes, cuando recibimos la noticia como si nos hubieran lanzado un saco de yeso desde un andamio.

Se ha muerto El Pata, vividor, amigo, gourmet, arquitecto, barbudo de barba de capitán Ahab, que tenía una pierna coja porque decía que le había mordido una morena y sería mentira, claro. Una risa de marinero, el armario de un clochard y la bodega de un rey francés. La puñetera wikipedia no dice nada de él ni de otros de la cuadrilla, una serie de tipos geniales que no vivieron para que les pusieran una placa ni tampoco les preocupó permanecer hasta aburrirse, pero que han desaparecido del mapa de la memoria y a sus discípulos nos jode una barbaridad.

Aquí va una biografía inmanejable. José Andrés Gago 'El Pata' o 'Patavino' (Respóndase «Si te miro, te fascino y si te vuelvo a mirar, te vuelvo a fascinar»). Palentino, hijo de un tratante de caballos, novio de 'La Corito', hermano de 'La Nenucha', de 'El Choya' y de 'El Manta', quizás el galáctico más galáctico de los que hemos conocido y hemos conocido alguno que otro. Gastó todo en vino y en comer y en los amigos. Se fue a Rusia a por caviar y cuando llegó ya no le quedaba. A veces dormía en una furgoneta a la que apodaba 'La Casita' que tenía váter de la marca Porta Potti. Vestía babuchas de toalla, pantalón de pana y camisas abiertas hasta el ombligo, especialmente algunas con motivos ecuestres que compró probablemente en Londres en un mercadillo de los 70.

A su casa la llamaba 'El chiringo'. Bebía el Vega Sicilia y el Chateau Margaux por cajas. Corría la leyenda de que se lo echaba a todas sus recetas. Comía tarde, poco y bien. Era poco amigo de iglesias y cuando se enfadaba, le visitaba toda la corte celestial.

Ahora les devuelve la visita. Lo despidió en Gijón un cura enorme de sotana larga y gafas ahumadas, un personaje de un videoclip del punk español de los 80. Dijo de él que había sido un hombre trabajador. Sus amigos contuvimos la risa. Le echaremos de menos a él y también a nosotros mismos.