Pasó el tiempo de las promesas

Los habitantes de Málaga siguen sufriendo la espera para poder superar el déficit estructural de infraestructuras viarias e hídricas. Hay que destacar la inminente necesidad de afrontar las promesas del Pacto del Agua

Pasó el tiempo de las promesas
luis merino bayona
LUIS MERINO BAYONACopresidente de Civisur

Estamos en pleno fragor de la batalla por las elecciones municipales. Ahora, para los ayuntamientos, es el momento de las promesas. Después los elegidos habrán de hacerlas realidad, ejecutar aquello para lo que les votamos.

No es así para la Junta de Andalucía. Han pasado los cien días de gracia y ya es el momento de comprobar la ejecución de lo prometido. Las cien medidas del pacto de investidura se están cumpliendo. Y hay esperanza en que los compromisos que iban más allá de esta primera etapa también se lleven a cabo. La pasada semana el talante demostrado en intervenciones públicas por el presidente, vicepresidente y consejero de la Presidencia en Málaga avalan esta esperanza. Hubo concordia, guiños de entendimiento, dar cuenta de lo realizado y compromisos muy concretos para lo que queda de legislatura.

El tercer hospital para Málaga, la apuesta tecnológica para el turismo, las nuevas infraestructuras hidráulicas, la autovía de Ronda, la solución a las listas hospitalarias, el empujón a las obras del metro, los nuevos accesos al PTA, etc., eran promesas que van camino de ser una magnífica realidad. Y ahí la sociedad civil debe de estar vigilante y comprometida. Sin nosotros nada se debe de hacer.

En solo dos décadas, Andalucía ha tenido un crecimiento medio de población de un 16%; la provincia de Málaga, de un 32%, y en los municipios de la Costa del Sol ha sido del 80%. Al mismo tiempo, Málaga lidera un año más el crecimiento económico de Andalucía. Y junto con Sevilla, nuestra capital política, representamos cerca del 45% del PIB de la región.

Pese a las anteriores realidades, los habitantes de Málaga siguen sufriendo la espera para poder superar el déficit estructural de infraestructuras viarias e hídricas que garanticen una mejor comunicación, una mayor facilidad en el transporte y un abastecimiento de agua y saneamiento acorde al siglo en que vivimos.

Y empiezan a conocerse posibles soluciones sobre la mesa. En infraestructura viaria, la autovía a la comarca de Ronda, el desdoblamiento de la Málaga a Sevilla y la hiperronda Este de Málaga ciudad, entre otras.

En materia de agua sobresalen las que se anuncian en el Pacto del Agua.

Unas tendentes a reducir el déficit hídrico mediante la interconexión con cuencas excedentarias (Genal, Campo de Gibraltar, Iznájar). Otras destinadas a mejorar el saneamiento y depuración de los municipios, resolver los riesgos de inundaciones, ejecutar grandes obras como el recrecimiento de la presa de La Concepción. O modernizar lo que regula el canon de mejora, dándole transparencia, ejecutando con ese dinero tanta obra necesaria y evitando incrementar la presión fiscal que ha generado.

Hay que destacar la inminente necesidad de afrontar las promesas del Pacto del Agua, no solo por lo que van a aportar en infraestructuras y nueva regulación, sino porque también nos permitirá alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU, garantizando el acceso al agua y al saneamiento y haciendo de los municipios ciudades que afronten con seguridad los efectos adversos del cambio climático. Para conseguir todo ello es necesario apostar por el aprovechamiento equilibrado de todas las fuentes disponibles, por una gestión integral e inteligente de los recursos superficiales y subterráneos y por apoyar la innovación.

Son proyectos recurrentes, repetidos en anteriores elecciones y no cumplidos, que esperamos ahora que se cumplan. La interconexión entre la zona oriental y occidental con tuberías reversibles, la revisión total de las tuberías en alta para el abastecimiento, el aumento de caudal que permita nuevas zonas para explotaciones agrícolas, etc. Proyectos que se repiten cada cuatro años y no se ejecutan, pero que, con su demora en la ejecución, al igual que con los de infraestructuras viarias, degradan la región, no la hacen competitiva y nos empobrecen.

Como ejemplo, en la Costa del Sol occidental se podría disponer de unos 50 hectómetros cúbicos de agua regenerada con calidad apta para otros usos, cuando no son más de 10 hectómetros cúbicos los que se están utilizando, principalmente para el riego de campo de golf. Aquí la Junta ha de remangarse para agilizar trámites, dotar de nuevas infraestructuras, controlar pozos privados, etc. Hará falta voluntad política, diálogo con otras administraciones y, por supuesto, harán falta nuevos recursos.

Aquí la colaboración público-privada se hace necesaria, contando con empresas, algunas de ellas andaluzas, expertas en soluciones tecnológicas, con capacidad de inversión. Con probada solvencia en la gestión integral del agua, en soluciones a los problemas de los balances de oferta y demanda en los escasos recursos existentes, todo ello mediante una gestión integrada con tarifas que, garantizando el coste del servicio, no sirvan de percha para un nuevo abuso al contribuyente. O en obras públicas, en servicios, ayudando a encontrar fuentes alternativas de inversión en grandes infraestructuras, apostando por la innovación, por la digitalización, por nuestras empresas. Para ello, es necesario desterrar tics políticos, ideas trasnochadas, las recetas fáciles para resolver problemas complejos.

Los ciudadanos quieren soluciones definitivas a sus problemas diarios. Soluciones que se basen en evitar la fragmentación de competencias, la racionalización en el uso de lo común, la potenciación del entramado empresarial andaluz creador de empleo, la priorización basada en lo racional y no en el clientelismo político. Los ciudadanos necesitan soluciones reales, inversiones reales y no solo promesas.