¿QUÉ PASÓ EXACTAMENTE EN 2003?

LA IMPROVISACIÓN DE CANDIDATURAS COMIENZA A MOSTRAR SUS CONTRAINDICACIONES EN EL INICIO DE LA CAMPAÑA

¿QUÉ PASÓ EXACTAMENTE EN 2003?
HÉCTOR BARBOTTA

Situar al frente de candidaturas a personas sin experiencia política a veces puede funcionar. Ha habido casos de partidos en horas bajas que recurrieron a personas sin bagaje institucional pero de reconocida reputación labrada en otros ámbitos de la vida para equilibrar con ese crédito lo que eventualmente le podía faltar a la marca. En esos casos, la dificultad suele estar en conseguir demostrar que los méritos atesorados en el deporte, la empresa o la universidad pueden ser aplicados también con éxito en la política. La fórmula casi nunca funciona.

Otras veces se produce el caso contrario. Partidos que disfrutan de una coyuntura ascendente y que antes de elegir a un candidato cuya presencia pueda resultar controvertida, y por lo tanto contaminar electoralmente a una marca en ascenso, optan por un aspirante que simplemente sirva para completar el cartel. Aspirantes que no aportan gran cosa, pero que tampoco restan.

Hay sobrados ejemplos de ambos casos y también de un tercero: el de candidatos con ya sobrado bagaje que ante la un mal momento de su partido, o incluso en desacuerdo con el discurso implantado por ese partido, deciden confiar toda su estrategia de campaña a su reputación personal. Bien porque se considera que la marca del partido resta, bien porque el nombre del candidato es también una marca suficientemente potente, bien por ambos. Cualquiera que recorra estos días las calles de Marbella necesitará ir provisto de lupa o prismáticos, según el caso, para ver las gaviotas del emblema del PP en los carteles electorales de Ángeles Muñoz. Los populares confían en su candidata por encima de todo.

Conocidos o desconocidos, elegir al cabeza de lista nunca puede ser fruto de la improvisación porque eso puede acabar pasando factura. La política local requiere de un conocimiento específico que no es posible suplir con generalidades, lugares comunes o, en el mejor de los casos, una probada experiencia política en otros ámbitos. El PSOE aprendió la lección tras el fracaso de Paulino Plata en 2007 y no volvió a incurrir en ese error. Haber aprendido de aquel fallo fue el primer paso que los socialistas supieron dar para construir el liderazgo de quien en 2015 lo llevó a la Alcaldía y que ahora aspira a repetir.

Los primeros días de campaña parecen indicar que los dos partidos con cierto auge de marca a nivel nacional y que se presentan en Marbella por primera vez, Ciudadano y Vox, fueron más fruto de la improvisación y de la resolución a última hora de tensiones internas que de un debate sosegado y una estrategia planificada. La situación sólo se decantó a último momento. La batalla, además, dejó como suele suceder heridos de guerra dispuestos a continuar con la guerra. Todo el mundo al suelo, que vienen los nuestros.

En Vox, la conformación de la lista dejó fuera a los tres militantes locales que en principio iban a encabezar la candidatura y situó como candidata a la Alcaldía a Rosa Calvente, que hasta entocnes ocupaba el cuarto lugar. Las reacciones no se hicieron esperar. No había pasado una semana cuando se comenzaron a filtrar detalles del pasado laboral de la candidata, vinculado hace más de una década y mucho antes de que decidiera entrar en política, a la empresa que gestiona un club de alterne en Marbella.

La información fue recogida por periódicos digitales e impactó fuertemente en el inicio de campaña de la formación, que de momento ha optado por reducir al mínimo la presencia de su candidata. Una cabeza de lista desconocida que además raciona con cuentagotas su exposición pública puede ser un handicap importante para las aspiraciones del partido de Santiago Abascal de entrar en el Ayuntamiento.

La situación, además, tiene difícil salida. El argumento de una madre de cuatro hijos, separada, obligada a hacer lo necesario para sacar a su familia adelente podría tener acogida en otro mercado, pero no en el electorado de una formación que presume de querer preservar valores tradicionales y que no está precisamente a la vanguardia en la defensa de los derechos de las mujeres.

En Ciudadanos, las tensiones internas previas a la conformación de la lista no fueron menores. No en vano tanto la formación de extrema derecha como el partido naranja fueron los últimos en presentar las candidaturas en la Junta Electoral de Zona apenas algunas horas antes de que venciera el plazo, a las 12 de la noche del Lunes de Pascua.

En Ciudadanos, al menos en su dirección regional, se había decidido desde hace tiempo que no se contaría con nadie de la agrupación local para encabezar la candidatura y se llevaba meses buscando candidato a espaldas del coordinador local. El calendario, caprichoso, quiso que los últimos días previos al fin del plazo fijado cayeran en Semana Santa. Esto dificultó las gestiones de última hora, que tampoco prosperaron. Finalmente se optó por María García, que pese a residir en Mijas llevaba empadronada en Marbella desde el 25 de septiembre del año pasado, concretamente en una oficina de la avenida Ricardo Soriano. García se había trasladado a Sevilla para hacerse cargo de la Jefatura de Gabinete de la consejera de Empleo tras constituirse el nuevo Gobierno andaluz y al no encontrarse otras alternativas fue llamada de urgencia para hacer frente a la situación que se había creado en Marbella. Su empadronamiento previo, sin embargo, puede invitar a pensar que la dirección de Ciudadanos la había barajado antes como posible opción si fallaban las otras gestiones, como finalmente sucedió.

García hizo su presentación oficial este jueves en un acto en el casco antiguo horas antes del inicio de la campaña electoral. Gran parte de su discurso estuvo centrado en su paso por Marbella, en su formación académica y en su experiencia laboral. Además de recitar su currículum, la candidata relató sus salidas juveniles en Puerto Banús y afirmó que vive en Marbella desde 2010, tiempo en el que, afirmó, ha tenido la oportunidad de residir en Nueva Andalucía, en Las Chapas, el centro de Marbella y en San Pedro. La resumida autobiografía omitió a la ciudad de Antequera, donde la candidata pasó gran parte de su niñez y de su juventud.

Excusatio non petita. Tanto empeño en mostrar un vínculo, real o no, puso en evidencia un desconocimiento básico sobre esta ciudad y sus vecinos: lo primero que se aprende cuando se llega a Marbella es que aquí a nadie se le pregunta de dónde viene.

Sin embargo, hubo otro aspecto de la intervención de la candidata que aunque pasó inadvertido es ciertamente destacable. En su intervención, García abogó por que el Ayuntamiento recupere «la honradez perdida hace 16 años». No fue una intervención que la candidata improvisara. Llevaba su discurso escrito y además la misma referencia está incluida en la respuesta a cuestionarios que este periódico envió a los diez cabezas de lista que compiten en estas elecciones en Marbella y que se publican hoy en estas páginas. Estaría bien que la candidata aclarara a qué se refería exactamente. La frase invita a pensar que hace 16 años se produjo un acontecimiento determinante que hizo que se perdiera la honradez en el Ayuntamiento y que todavía no se ha recuperado. Hace 16 años se celebraron las últimas elecciones que el GIL ganaría por mayoría absoluta. En aquella ocasión encabezado por Julián Muñoz, quien había reemplazado unos meses antes a Jesús Gil tras su condena de inhabilitación. Unos meses después se votó la moción de censura que puso en la Alcaldía a Marisol Yagüe. Todo esto sucedió tres años antes de la 'operación Malaya'. ¿Entonces, cuando se perdió la honradez según la candidata de Ciudadanos? ¿Cuando Jesús Gil se tuvo que marchar, cuando Julián Muñoz ganó las elecciones o cuando llegó Marisol Yagüe? Hasta ahora se consideraba que Gil, Julián Muñoz y Yagüe formaron parte de un mismo entramado corrupto, que la honradez se perdió cuando todos ellos llegaron al Ayuntamiento, no hace 16 años sino 28, y que la decencia se recuperó cuando la policía irrumpió en el Ayuntamiento en la mañana del 29 de marzo de 2006. Si la candidata de Ciudadanos considera que ha habido una línea de falta de honradez que comenzó en 2003 y que continúa hasta nuestros días debería explicarlo. Siempre es enriquecedor atender a nuevas interpretaciones de la historia.

Improvisar candidatos tiene un coste, pero no preparar a conciencia el primer discurso puede tener uno mucho más alto. Ya se sabe que en muchos órdenes de la vida la primera impresión es la que cuenta y que modificarla cuesta mucho. Además, no sobra tiempo. Las elecciones son en dos semanas.