Están por todas partes

Ir en silla de ruedas o quedarse ciego en Málaga debe de ser un auténtico calvario

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Tirados en las aceras como extremidades sin dueño. Así está la ciudad con los patinetes eléctricos últimamente. La proliferación de este ecológico aunque temerario medio de transporte está convirtiendo las zonas peatonales en aparcamientos de una forma en la práctica impune y generalizada. Están por todas partes. Como si no tuviéramos suficiente con cuidarnos de no ser atropellados por una bicicleta, engullidos por un camión de alto tonelaje de los que circulan cada vez con más ahínco por las calles, y con la extensión del espacio público reducido a una expresión más mínima, ahora se suma una doble peligrosidad: el atropello múltiple entre peatón y patinete o la colisión urbana con uno de estos aparatos que están en las aceras. Ir en silla de ruedas o quedarse ciego en Málaga debe de ser un auténtico calvario.

El grupo municipal Málaga Ahora hace muy bien en exigir una regulación urgente. En el equipo de gobierno dicen que están esperando a ver qué dice la DGT, que ha prometido una legislación específica para «antes de verano»; esperemos que actúen con más celeridad de la que permiten a los coches. Los patinetes eléctricos operan en un vacío legal tanto como las criptomonedas. Pero algo sí puede hacerse. La prueba de ello lo tenemos con Carmena, que exigió su retirada mediante ultimátum. En el Ayuntamiento de Málaga, sin embargo, hay una inclinación muy higiénica a lavarse las manos ante todo aquello que genere beneficio para alguna empresa, tanto que da miedo pensar en cómo estaría la ciudad si no fuera por la presión ciudadana. Este periódico publicó ayer que se han tramitado 30 multas porque suponen un obstáculo al peatón. Pocas nos parecen.

El problema está siendo tratado con especial interés en el centro de Málaga. Si hay algo que puedo envidiar a los vecinos del centro es lo bien asociados que están, pero sería menester recordar que los barrios existen y que en ellos vive casi todo el mundo. El problema se ha expandido a las zonas más recónditas de la ciudad, donde resulta muy práctico, por impune, hacer cosas que serían impensables en el centro como aparcar coches en las aceras, generar vertederos espontáneos o incumplir la normativa de mesas y sillas de una forma que, en el paseo marítimo por ejemplo, es tan salvaje o más que en la zona histórica de la ciudad.

Al final se trata de lo mismo: burdas privatizaciones del espacio público. Es una lástima que el uso de un medio de transporte ecológico, casual y rabiosamente despreocupado traiga consecuencias tan nefastas para el urbanismo. Para empezar, ya es un peligro para la seguridad vial. Solo estamos en el principio del 'boom' de los patinetes y el año pasado estuvieron implicados en casi 300 accidentes en toda España. Las políticas al respecto deberían ser más previsoras. Anticiparse al mal. Estas cosas deben ser reguladas ya, antes de que descubramos que la economía colaborativa ha acabado con nosotros.