Paranoia electoral

Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

El panorama político en Andalucía borda la paranoia. Nadie quiere elecciones, pero todos hablan de elecciones. Nadie está en campaña, pero todos lo están: Susana Díaz con la agenda de la ubicuidad, del espárrago a la pasa y de la pasa al pescado pasando por el centro de salud todo en la misma tarde; Juanma Moreno dice que no hay motivo para adelantar unos meses las elecciones, pero ya pide el voto a los mayores con optimismo; Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo acusan a Díaz de hacer campaña con el traje de presidenta «sin rubor», pero ellos ya han tuneado la furgoneta con el lema electoral y se van de gira, que es como decir campaña en 'flower power'. Lo más delirante es que se hable de un adelanto electoral sin que la responsable de decirlo, lo diga. No solo eso, sino que juega al despiste. Ella parece tranquila, pero los demás están al borde de un ataque de nervios, incluidos los de su partido.

Lo que más nerviosos pone a los socialistas andaluces es que hable Pedro Sánchez o alguien de su gobierno con algo que aún de lejos roce Andalucía. Calmado el desaguisado de Navantia, ahora vuelve a planear otra tormenta. Hay un sector del PSOE andaluz cercano a Sánchez que prefiere unas elecciones conjuntas y cuanto antes, aprovechar el tirón que aún le dan las encuestas. Cuando ayer el presidente amagó con un adelanto si no hay Presupuestos del Estado, las antenas diabólicas captaron un mensaje subliminal: Amenaza a Susana Díaz con hacerlas coincidir con las andaluzas, lo que ella no quiere ni muerta, como diría Teresa Rodríguez. Tanta intriga sobre la fecha solo invita a pensar que Díaz no se fía de que, tras anunciarla, Sánchez decida que también irá a elecciones este otoño. Lo normal es que hubiera algo pactado, pero quién sabe. Pedro tiene fama de donde dije digo, digo diego.

Pero más delirante aún es que el asunto elegido por Cs y PSOE para escenificar la ruptura sea la supresión de los aforamientos y que Sánchez entre en escena para desbaratar el teatro. El anuncio descoloca al partido naranja en España, pero en Andalucía le deja sin argumentos para la ruptura por mucho que Marín enseñe el listado de incumplimientos.

Lo paradójico es que sea Podemos, el partido que dice haber propuesto más iniciativas de regeneración democrática en Andalucía, el único con un diputado aforado en la actualidad, Diego Cañamero, el político campero que tanto ha fustigado al poder andaluz por sus privilegios. Y que los representantes de aquel poder histórico, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, hubieran de renunciar al aforamiento para que Cs firmara el pacto ahora roto y permitiera la investidura de Susana Díaz en 2015. Lo dicho, una paranoia total.

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