El palo y la vela

Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

Como nunca llueve a gusto de todos (y en Semana Santa a gusto de ningún cofrade), la implantación del nuevo recorrido oficial ha sido la comidilla estos días en la ciudad. Ha habido un sinfín de comentarios que se han extendido como un interminable rosario de cuentas en el que cada uno ha contado las cosas en función de cómo le ha ido. La Agrupación de Cofradías, en líneas generales, está satisfecha y contenta de este novedoso itinerario común de las hermandades, mientras que hay malagueños que despotrican del cambio y, menos bonito, dicen de él todo lo habido y por haber. La realidad de los hechos hay que verla sin caer en la autocomplacencia ni en el acoso y derribo. La crítica constructiva es el camino para que los fallos, que los ha habido, se resuelvan y en años venideros se queden en el baúl de los recuerdos sin que nadie los eche de menos. Hay una palabra clave en este asunto: respeto. Están en su derecho de quejarse los abonados que se sienten perjudicados y también el público sin sillas que ha encontrado más dificultades para moverse y que se ha topado con que había vallas que le cerraban el paso y vigilantes poco dados a hacer concesiones, que mantenían a sangre y fuego eso de «por aquí no se pasa» sin entender que no hay regla sin excepción. Repito que hacen bien esas personas en expresar sus quejas, pero a través de los cauces adecuados y sin que las malas formas superen el fondo y pierdan, de ese modo, la razón.

Con el cambio de recorrido oficial ni todo ha sido sublime ni malo de solemnidad. Ha habido cuestiones que no han estado a la altura y otras que se merecen buena nota. Lo que no se pone en duda es que el margen de mejora es amplio. A la hora de repartirse los errores (de los que hay que extraer una lección que no se olvide), cada palo debe aguantar su vela sin descomponer el capirote. Algunas de las incidencias apreciadas hay que apuntarlas en el debe de la Agrupación (cuyo presidente asegura que han tomado nota para subsanarlas), pero otras son responsabilidad del Ayuntamiento de Málaga (la no terminación de las obras de peatonalización de la Alameda ha influido de modo negativo). Asimismo, los casi eternos trabajos del metro en la zona norte de la Alameda, competencia de la Junta de Andalucía, han supuesto, un año más, un obstáculo para el tránsito de la gente. Y otro asunto nada baladí: bien está en pensar en los 24.000 abonados de sillas y tribunas, pero sin olvidar que hay decenas de miles de ciudadanos que desean ver las procesiones con más libertad de movimientos.