Un país a la deriva

Viajes al filo de lo imposible sin haberlo elegido

Pablo Aranda
PABLO ARANDAMálaga

Un indonesio de 19 años ha pasado 49 días a la deriva en una balsa. Una vez rescatado ha confesado que tuvo miedo y a veces lloraba pensando en su padre y su madre. En Oviedo un matrimonio de 74 y 72 años ha pasado dos días y dos noches en un parque tras ser desahuciado. Un banco de un parque puede convertirse en una balsa a la deriva. Siguiendo con las metáforas, el mar es España y España va bien, hasta los funcionarios y el rey acaban de subirse el sueldo. El mes pasado la Guardia Civil rescató a un turista alemán de 23 años que llevaba dos días en una cueva de Mijas de adonde había caído, sin agua ni comida ni ropa de abrigo. De nuestros cuatro protagonistas a la deriva solo sabemos el nombre del primero, el indonesio, y se llama nada menos que Aldi Novel Adilang. A lo mejor Adilang es un apellido común en Indonesia. A los 19 ya casi no es novel, pero todavía sí. Eso de llorar pensando en los padres. A lo mejor los padres lloraban cuando estaba a la deriva antes de estar a la deriva: su trabajo consistía en vivir en una balsa de madera atada a un noray y por la noche encendía unas luces que atraían a los peces y él los pescaba. Por el ojo muere el pez. Una vez a la semana el dueño de la balsa -que tiene otras 50 balsas- iba a recoger el pescado y a llevar combustible al joven, para que pudiera cocinarse y encender las luces por la noche, así cualquiera duerme.

Oviedo nunca ha sido más Vetusta que los dos días en que toda la ciudad, todo el mar que es España ha estado a la deriva sin que lo supiéramos. El matrimonio tiene una pensión no contributiva que no daba para pagar el alquiler y tras ser denunciados por impago un juzgado ordenó el desahucio. El juzgado había firmado el compromiso de avisar a Servicios Sociales pero no lo consideraría necesario. Papeleo. Hoy a las 10 de la mañana hacía 10 grados en Oviedo. Adolescentes consultando el móvil pasarían ante el banco, jóvenes ecuatorianas cuidando algún niño, hombres paseando un perro, estudiantes dirigiéndose a una cita que creerían la gran cita de sus vidas. Los servicios de iluminación y limpieza de Oviedo y de todas las ciudades españolas funcionando matemáticamente, los autobuses escolares y las paradas de taxis ordenadas por matrículas pares o impares pero un matrimonio a la deriva. El alemán compartía habitación con una amiga en Mijas y ella avisó a la Guardia Civil. El alemán tal vez recorría senderos a la deriva tras una discusión, deseó que la tierra se lo tragase pensando que los deseos no suelen cumplirse. Una habitación tras una discusión puede ser peor que una cueva. Un piso turístico que necesitará el permiso de la comunidad de vecinos. Una cueva sin wifi. Un país a la deriva durante dos días. Y lo peor: sin que lo supiéramos.