Pablo Wayne Llarena

José Antonio Trujillo
JOSÉ ANTONIO TRUJILLOMálaga

El verano es calor de terciopelo. Caricia espesa, pincelada de trazo grueso, digestión pesada, sueño interrumpido. No es tiempo para heroicidades, sólo para la supervivencia.

En el desierto de la política española, esta semana hemos podido leer la balada del hombre solitario escrita por el juez Pablo Llarena en respuesta a la inexplicable resolución dictada por el Tribunal alemán de Schleswig-Holstein. Como si se tratara del protagonista de la película 'Centauros del desierto', el magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, no está dispuesto a cejar en su obligación de hacer justicia con los políticos secesionistas catalanes, y no le ha importado emular al John Wayne que necesita esta historia real y compleja.

En la resolución que dictó, desactivaba por un lado las órdenes europeas e internacional de detención relativas a todos los políticos catalanes fugados, y por otro lado, el magistrado cargaba duramente contra la «falta de compromiso» de la Justicia alemana. Pasarán los días y seguiremos sin entender la postura germana.

Puigdemont, Lluis Puig, Toni Comin, Meritxell Serret y Marta Rovira quedan ahora en libertad sin que pese sobre ellos imputación alguna en el extranjero. Sólo opera sobre ellos la orden de detención a nivel nacional, de forma que no existen restricciones a sus desplazamientos por otros países, pero si entrasen en España se produciría inmediatamente el arresto y puesta a disposición judicial.

La batalla democrática que no está dispuesta a dar la política, parece que la dará la Justicia española representada en este caso por el magistrado burgalés. El pago a su valentía y su afán de impartir justicia, ha sido el más absoluto de los silencios por parte de los representantes políticos que se llaman constitucionalistas, y la crítica feroz del nacionalismo catalán. Su determinación le está suponiendo un alto coste personal y familiar, tanto él como su familia tienen que ir escoltados y han tenido que abandonar su hogar en Cataluña por el hostigamiento de los totalitarios.

Los españoles que conocemos lo que ocurrió en los días tristes de otoño en Cataluña y vimos cómo fracasó la «operación diálogo» desarrollada por el anterior gobierno, asistimos muy preocupados a la nueva etapa de apaciguamiento impuesta por Pedro Sánchez por intuir a dónde nos llevará.

Los empeñados en disolver nuestro proyecto común de convivencia señalan ahora como a los mayores enemigos de su estrategia al juez Llarena y a nuestro monarca Felipe VI, ya que ambos representan de forma heroica la defensa de nuestra Constitución. Para los que creemos en España son nuestros nuevos John Wayne y John Ford.

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