LA OPOSICIÓN DESDE EL GOBIERNO

Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

La historia tiende a repetirse, aunque los actores sean otros. La Junta de Andalucía, tanto su Gobierno como el Parlamento, han servido muchas veces como instrumento de confrontación con Madrid cuando los colores políticos eran distintos en San Telmo y la Moncloa, es decir, cuando gobernaba el PP en España. Ahora que inauguramos la primera alternancia en Andalucía, nada va a cambiar. Con los socialistas en la Moncloa, se veía venir que tarde o temprano PP y Cs iban a utilizar su bastión andaluz para hacer oposición a Pedro Sánchez con el objetivo de que convoque elecciones y la esperanza de que las urnas lo echen del Gobierno.

En esa deriva habitual de confrontar, la anterior presidenta de la Junta Susana Díaz trató de cuadrar el círculo: Hacer oposición al Gobierno de Rajoy con políticas, pero guardar las formas de lealtad institucional en las cuestiones de Estado. Casi siempre respaldó la posición del expresidente en el conflicto de Cataluña pese a los disgustos que le acarrearon luego los socialistas catalanes por ello. En este contexto, el PSOE andaluz respaldó una iniciativa de Cs en el Parlamento en 2017 sobre el 'procés' catalán esquivando las indicaciones de Ferraz.

Juanma Moreno y Juan Marín parecen haber intentado seguir esa estrategia de Díaz de cierta compostura institucional al no querer retratarse en la manifestación de este domingo en Madrid convocada por PP, Cs y Vox, cuyo único sentido ya -una vez la marcha atrás del Gobierno sobre el 'relator' y las conversaciones con los separatistas- es la de hacer ruido electoral con vista a las citas de mayo.

Moreno ha sacrificado su interés de salvaguardar el papel institucional por el interés partidista de Pablo Casado, al recular y decidir estar. Está por ver si Juan Marín logrará zafarse de lo mismo respecto a su jefe político, Albert Rivera. Por lo pronto, dice que no estará en la manifestación, aunque sí diputados de su grupo. Quizás Rivera es más comprensivo que Casado y entienda que el papel institucional debe preservarse. Un presidente o vicepresidente no debieran exigirle convocar elecciones a otro presidente con una pancarta en la calle.

Otra cosa es el ámbito del Parlamento, donde PP y Cs van a pedir lo mismo en Andalucía, aunque también siguiendo las instrucciones de sus jefes Casado y Rivera. Las proposiciones no de ley que ambos partidos han registrado tienen un planteamiento añadido interno, el de forzar a Susana Díaz a pronunciarse sobre la política de Pedro Sánchez en Cataluña. La intención es en sí retorcida, pero legítima. Conocido es que Díaz no comparte cómo Sánchez está gestionando el conflicto dando la impresión de ceder ante los separatistas. También es sabida la nula relación de ambos. Díaz ha optado por guardar silencio para no aparecer de nuevo como la que quiere moverle la silla al presidente y líder de su partido. Moreno y Marín intentarán situarle contra las cuerdas el próximo día 20 en el primer Pleno con sesión de control al gobierno que copresiden.

Este hacer oposición desde el Gobierno tiene sus paradojas y contradicciones. Hace menos de un mes que PP y Cs acusaban a Díaz de promover un «escrache» contra Moreno por fletar el PSOE autobuses para la concentración feminista ante el Parlamento crítica con que la investidura del presidente fuera posible gracias a Vox, que propone derogar las leyes de igualdad. El líder andaluz de Vox, Francisco Serrano, calificó la protesta de 'kale borroka'.

Hoy hay autobuses fletados por PP y Cs desde Andalucía para acudir a la concentración contra Pedro Sánchez por intentar perdurar en el poder con el respaldo de los separatistas a los Presupuestos del Estado. Ambas manifestaciones son legítimas, pero quizás no la doble vara de medir.