Y a las ocho, sorpresa

JOAQUÍN L. RAMÍREZ

Y saldrán las israelitas, o dirán que lo son. Allá por las seis de la tarde hervirá el rumor o su soniquete. A veces la fuente es cierta, a veces sólo será la fuente de la fuente de la fuente... El sondeo a pie de urna tampoco suele arrojar la luz que ansían los que quieren adelantarse al formal desenlace. Pero, no cabe duda, encaramarse a lo que -entre éste y aquel dato- pueda parecer tendencia será una forma intensa de pasar el día. Ello, aunque luego el escrutinio resulte poco o nada parecido a lo barajado. En tiempos, los partidos lo ponían todo para ganar las elecciones, luego también se apuntaron a esforzarse por ganar las encuestas tradicionales y más tarde fueron a por las israelitas, también había que ganarlas. Incluso es casi norma que la candidatura que aspira a repetir victoria, como quiera que su gobierno en funciones recibe antes que nadie los primeros resultados, éstos son ordenados de forma que hagan pensar en la fortaleza o bondad del electorado para con quien da a conocer lo votado. También hay que ganar la noche electoral.

Es domingo de elecciones, toda la maquinaria en marcha, las noticias nos hablan de participación y también de la ausencia de incidencias dignas de mención. El día se despereza y casi todos sonríen, pero nadie sabe. La víspera, quien más quien menos ha tenido y contado su particular pronóstico, pero habrá sorpresa, siempre la hay.

El PSOE necesita ser la primera fuerza y que los partidos a su derecha no sumen 55 diputados, que no lleguen. Si así se diera, los socialistas habrán de emprender el cortejo a aquella o aquellas formaciones que permitan la investidura de la candidata. Aún con ello, Susana Díaz precisará de una coalición de gobierno -ofrecerá consejerías a Teresa Rodríguez- o, al menos, garantías parlamentarias, un pacto. Si los de AA -Podemos 18- consienten, todo seguirá como hace casi medio siglo. Si los morados piden la cabeza de la hasta aquí presidenta o simplemente se niegan a apoyar a los socialistas andaluces, todo podría complicarse hasta la continuidad de un gobierno en funciones. Tampoco es descartable, en este escenario, un gobierno en minoría tras una investidura 'tolerada'. En ambos casos estaríamos ante una legislatura corta o incluso muy corta, con nuevas elecciones a la vista.

Si, a sensu contrario, Populares y Ciudadanos llegan a sumar igual o más de esos 55 necesarios -con Vox o sin ellos-, estaremos ante un cambio histórico que llenará con ríos de tinta y metraje -es un decir- la más rabiosa actualidad. Se quiera o no, este camino sería bastante más uniforme en cuanto a formación de gobierno y seguimiento de todos los pasos debidos para emprender la normalidad institucional. No habría que alargar los tiempos y, hasta con cierta prisa, conoceríamos la composición gubernamental y sus primeras medidas.

Independientemente del color de cada cual, su preferencia o tendencia temporal, la llegada de una coalición de centro-derecha a las tareas de gobierno de la Junta de Andalucía será mucho más interesante que cualquiera otra circunstancia, mucho nuevo por ver. Incluso, la nueva mayoría habrá de asumir el importantísimo reto mostrando talla desde el minuto uno, ya que los salientes pondrán lupa a sus adversarios desde la parrilla de salida. Un gobierno PP-C's requerirá mucha determinación y clarividencia pues, durante un notable espacio de tiempo, tendrá que actuar en un macrodecorado, en un inmenso plató, pensado y diseñado para otros. Incluso a ello habrá que sumar los resortes de resistencia del sistema, que son y serán muchos, empezando por la vigorosa fuerza de la inercia.

Pasará lo que pase, Juan Manuel Moreno o Susana, uno de ellos esta noche se vestirá de ganador. La tele no va a parar, ni lo hará Twitter o Facebook... Todo ello en cualquier caso. Es la gran fiesta de la democracia, con todo su significado de pluralismo, participación, libertad de opinión y sometimiento de todos a la ley que emana del pueblo, democracia también es votar de acuerdo con la legalidad. Hoy hay elecciones y, aunque no todo, mucho puede pasar. Ese gran gentío que somos lo estamos decidiendo, somos previsibles o quizá no, nadie puede decirlo por los demás. Cada cual pone su voto y la suma manda. Será una sorpresa.

 

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