No es nombre de mujer

José Antonio Trujillo
JOSÉ ANTONIO TRUJILLOMálaga

El pesimismo no es nombre de mujer. Por mucho que le pese al periodismo y la política. El optimismo, que encontró siempre razones al lado de la mujer que construyó los nuevos límites de la realidad, está arrinconado por levantar sospechas entre las que sólo conceden valor a sus propias ideas. No hay peor ayuda en estos momentos para la mujer que la que la política populista y el periodismo de género quieren imponerle. La prensa no puede renegar de su papel indispensable en las democracias modernas y entregarse a los brazos del pesimismo. Esta entrega sin condiciones al sentimentalismo de lo real, que excluye los hechos en su relato diario, siempre ha precedido primero a los populismos y posteriormente a todos los “ismos” que polarizan y dividen nuestra sociedad. ¿Por qué muchos periodistas, como dice la gran Cayetana Álvarez de Toledo, se han convertido en profesionales entregados al populismo con la vanidad del pesimista y el cinismo del mercarder?En el marzo dibujado con los tonos oscuros de la impotencia de la política frente a los desafíos de la sociedad, al que le sobra lluvia y malas noticias, los populistas se afanan en convertir su propio invierno electoral en primavera de protestas. Comenzaron llenando las calles con las demandas de los pensionistas, a la que le han seguido la de las mujeres, y en breve entrarán en escena los estudiantes. Todas son buenas noticias para el periodismo con camisa negra que refuerza su papel de 'gran hermano' y que nomina al que no se rinde frente a su supuesta su superioridad moral. Es verdad, que la crisis en el periodismo ha hecho que muchos profesionales de los medios intenten confundirnos. De esa forma pretenden que muchos tengan una percepción adulterada de la realidad. Todo esta mal: la democracia por la corrupción, la economía por los ricos, el medio ambiente por la contaminación, y suma y sigue. Al final muestran que todo lo pasado fue mejor y el futuro sólo se puede entender desde la utopía, abonando el campo para charlatanes demagogos que sólo necesitan adeptos y no soportan a los críticos. El tufo de parcialidad de su información los delata aunque los haga ricos e influyentes.Por mucho que a algunos les pese, no hay salida feminista a los problemas de la mujer, como no hay salida nacionalista al nacionalismo o alternativa populista al populismo. Liberados de la demagogia, no hay que cejar en el empeño de que la razón no interesada se imponga. La mujer es nombre de esperanza.

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