Necesitamos a esa fauna, y ella a ti

Anfibios y reptiles ocupan con éxito gran parte de los ecosistemas terrestres y marinos, y juegan un papel ecológico de regulación de las poblaciones de insectos y roedores, evitando que puedan formar plagas

Juan A. Camiñas
JUAN A. CAMIÑASPresidente de la Asociación Herpetológica Española (AHE)

Si hablo de herpetos, herpetología o herpetofauna, muchos se preguntarán de qué estoy hablando; si lo traduzco por anfibios y reptiles, sapos y culebras, incluso por sabandijas, muchos más lo sabrán; esto es, animales que se arrastran, según la raíz de origen griego. Pero no es mi interés escribir ahora de etimología, aunque muy necesaria para entender las palabras que usamos y, aún más, comprender el mundo que nos rodea. Mi propósito es ayudar a que se entienda que necesitamos como especie humana la herpetofauna por el singular papel para el bienestar humano de los anfibios y reptiles en los ecosistemas.

Andalucía es un importante reservorio de especies de reptiles y anfibios y, entre ellas, dos especies abundantes de tortugas marinas en aguas tanto atlánticas como mediterráneas. Hay en Andalucía dieciséis especies de anfibios y veintisiete de reptiles, que, en relación al resto de la Península y Europa, constituyen una riqueza más que singular. La herpetofauna andaluza tiene particularidades: la presencia de especies con distribución ibero-magrebí; zona exclusiva de algunos reptiles amenazados, el caso del camaleón común, el único reptil arborícola de Europa occidental; alberga poblaciones aisladas del Pleistoceno; y está situada en el borde sur de la distribución de distintas especies europeas.

Los anfibios son capaces de adaptarse a importantes periodos de sequía y de presentar un gran éxito reproductivo cuando las condiciones vuelven a ser favorables, ajustando las diferentes fases larvarias de cada especie al periodo de duración de sus hábitats. Los reptiles son protagonistas de gran número de mitos, fábulas y leyendas que han contribuido a su mala reputación. No siempre fue así. En Grecia y Roma la serpiente fue el animal simbólico del dios de la medicina, representando fuerzas benefactoras, símbolo que se conserva en la actualidad. En la Península Ibérica los celtas rendían culto a las serpientes como animal totémico y su dios, y en las monedas griegas y romanas aparecen como protectoras. No es así en la actualidad, o no del todo, pero deberíamos volver a pensar en los herpetos como benefactores de nuestra sociedad.

Anfibios y reptiles ocupan con éxito gran parte de los ecosistemas terrestres y marinos, y juegan un papel ecológico de regulación de las poblaciones de insectos y roedores, evitando que puedan formar plagas; son indicadores extraordinarios de la buena calidad de las comunidades biológicas y de los ecosistemas en los que habitan y de los cambios en el medio ambiente, como de los efectos de la contaminación en las especies y en la salud de los ecosistemas.

No debemos olvidar que algunas especies de herpetos las hemos considerado, o lo son aún, alimentos. Fueron obsequio para reyes y siervos y aún hoy son utilizados como regalo numerosas especies exóticas e invasoras, cuyo cuidado y control –evitando que escapen– debería ser responsabilidad de quienes las compran o reciben. Por todo ello, entre otros muchos aspectos, son motivo importante de estudios científicos para que mejore la comprensión de su papel en la Naturaleza y en los ecosistemas.

La desaparición de especies de herpetofauna y la pérdida de biodiversidad que conlleva se debe a la destrucción de hábitats acuáticos o terrestres y a la acción directa del hombre. La tendencia a desecar charcas y zonas húmedas para nuevas edificaciones o para las obras públicas son amenazas reales para diversas poblaciones de sapillos y ranas. La desecación de lagunas, marismas y zonas encharcadas, que supuso en el pasado siglo un claro retroceso de muchas poblaciones de herpetos, está hoy penada por la legislación medioambiental, pero son las pequeñas charcas las que son más necesario preservar. Lagartos y culebras se persiguen para evitar que se alimenten de huevos de especies de interés cinegético o, simplemente, por una educación arraigada sobre la tradición católica que sigue señalando a culebras y serpientes como el símbolo del Génesis, encarnación de Satán, que podría ser el sustrato cultural de la repulsa hacia los ofidios y en general hacia los reptiles.

Pero los herpetos nos necesitan para que sus sistemas ecológicos puedan mantenerse en condiciones óptimas y no propaguemos infecciones y enfermedades que les afecten. Uno de los graves problemas a los que se enfrentan los anfibios es la crisis de extinción masiva debido a la expansión del patógeno emergente 'Batrachochytrium dendrobatidis', un hongo descrito en 1998, reconocido como el principal impulsor de extinciones masivas. Hay un gran debate sobre el papel del cambio climático en la dispersión de esta especie y la quitridiomicosis, la enfermedad que produce.

La prestigiosa revista 'Science' con la participación de científicos españoles miembros de la Asociación Española de Herpetología publicaba que el comercio y el desarrollo global facilitan la propagación de enfermedades que amenazan la biodiversidad de la Tierra. Tras una evaluación global y cuantitativa de la quitridiomicosis en anfibios demostraron su papel en la disminución de las poblaciones de al menos 501 especies durante el último medio siglo, incluidas 90 probables extinciones. La quitridiomicosis representa la mayor pérdida registrada de biodiversidad atribuible a una enfermedad.

El esfuerzo en la investigación sobre la evolución de las poblaciones afectadas, y en nuevos medicamentos para la eliminación de las micosis, causantes de gran parte de la pérdida de la biodiversidad mundial de anfibios, está siendo un gran reto para la ciencia; pero la conservación requiere también de nuestra acción personal. Cerca de nuestras casas hay charcas, arroyos, zonas húmedas, senderos, cultivos, roquedos, bosques, campos adehesados o montañas con notables poblaciones de ranas y sapos parteros, sapillos, salamandras, tritones, galápagos, lagartos y lagartijas, camaleones, culebras, etc.; muchas de ellas, especies amenazadas incluidas en el Libro Rojo de los Vertebrados Amenazados de Andalucía, que necesitan para mejorar sus poblaciones el apoyo de agricultores, ganaderos, cazadores, turistas, caminantes y administraciones, pero también de la población.