Nacionalistas y nacionales, todos iguales

JOSÉ ANDRÉS TORRES MORA

Estos últimos años, digamos que estos últimos veinte años, cada vez que he contrapuesto los nacionalismos catalán y español, algunos amigos me preguntaban "¿dónde están los nacionalistas españoles?", a lo que yo les respondía: "sobre todo en el PP, de hecho, en su caso, popular no se refiere al pueblo, sino a la nación, el Partido Popular es en realidad el Partido Nacionalista Español". La derecha española, una y trina, es nacionalista.

El proyecto nacionalista, en cualquier lugar, siempre es el mismo: homogeneizar culturalmente a la población de un territorio y conseguir el monopolio del poder sobre el mismo, la soberanía. Estos días hemos conocido el programa del Partido Popular para fortalecer la nación española, un popurrí de medidas muy dispares cuyo propósito es la homogeneización cultural de toda España con la plantilla de Castilla la Vieja, y la recentralización del poder en las élites políticas, económicas y burocráticas de Madrid. Como medida cultural proponen, por ejemplo, que el INAEM organice giras por provincias, supongo que con obras de Lope y Calderón, que son españoles de fiar. Medida de poder es aplicar el artículo 155 de la Constitución por el tiempo que se considere "inexcusable". Que dicho así no es algo muy concreto, pero que traducido a la lengua de Cervantes significa: hasta que nos salga de las narices. Y una medida mixta, cultural y de poder, es que las multas, en cualquier lugar del territorio, nos las pongan obligatoriamente en castellano. Qué gusto.

En general, el nacionalismo, lejos de hacer fuertes sus sociedades, las debilita, porque las divide. Así ha ocurrido en Cataluña. Nacionalistas catalanes y españoles cuestionan respectivamente la catalanidad y la españolidad de quienes no son nacionalistas como ellos. Si te gustan los toros eres un mal catalán, y si no te gustan eres un mal español. De idioteces como esa están hechas, en buena medida, las identidades nacionalistas. Ahora resulta que quienes llevan cuarenta años de democracia empeñados en hacer de España una sociedad capaz de proteger a quienes caen enfermos, o pierden su empleo, o sencillamente se hacen demasiado mayores para trabajar, una sociedad capaz de educar y dar esperanza a sus jóvenes, en resumen, quienes se han esforzado en hacer de España una sociedad fuertemente cohesionada, social y territorialmente, se han vuelto sospechosos de querer debilitar la nación.

Los socialistas no suelen tener suerte cuando se oponen a la espiral del enfrentamiento nacionalista. Pasó en la Europa de las Guerras Mundiales. Pero no deben callar. Quienes cuestionan ahora la lealtad a España del presidente Sánchez y de los socialistas, son herederos de quienes insultaban a los presidentes Suárez, González y Rodríguez Zapatero los días de duelo, y son igual de injustos y nocivos. Y lo mismo que los socialistas no necesitan un partido carabina de una sedicente izquierda para que garantice que harán políticas sociales, tampoco necesitan a nadie a su derecha que los avale como buenos españoles.