Contra el mundo

DIEGO CARCEDO

Ignoro lo que ocurrirá en EE UU, donde continúa habiendo muchos ciudadanos que lo idolatran, pero de lo que sí estoy bastante seguro es de que Trump pasará a la historia universal contemporánea como el personaje más atrabiliario que ha tenido que enfrentar nuestra sociedad. Lleva dos años y medio al frente de la Administración más poderosa y no se le ha visto el más mínimo detalle de solidaridad con los demás pueblos, de conmiseración con los más pobres ni de comprensión hacia quienes buscan la paz y el progreso mundial.

Raro es el día que no sorprende con sus tuits agresivos y con frecuencia faltones, anunciando decisiones o proyectos amenazantes. Todavía no se ha olvidado la idea de construir un muro para separar a EE UU de México y separar a los dos pueblos como si uno fuese apestado. Y su pretensión de que los emigrantes que viven y trabajan en los diferentes estados sean expulsados o conminados a marcharse, aunque tengan que dejar detrás a sus hijos pequeños en el mayor desprecio que cabe de la compasión humana.

Los políticos siempre procuran hacer amigos y evitar crearse enemigos. Pero Trump es el político más atípico que se recuerda: persigue todo lo contrario. Y lo va consiguiendo. Está rompiendo los tratados con otros países sin detenerse a considerar cuáles serán las secuelas. Ahora está empeñado en aumentar los aranceles a los productos chinos en un porcentaje que afectará al comercio mundial en vísperas de una nueva recesión. Basta leer libros como el de Robert Woodward para ver que nadie le rebate sus impulsos y si alguien lo hace pierde el tiempo.

Trump rechaza la UE y hace cuanto puede, como estimular el 'brexit', para frenar su evolución. Desprecia a Latinoamérica, empezando por Cuba ante cuya situación se muestra especialmente beligerante. Las empresas, muchas españolas, que tienen inversiones en la Isla sufren la amenaza de la Ley Helms-Barton, resucitada para el efecto, que acabará destruyéndolas. La política en Venezuela de Washington la están planteando con tal torpeza que, lejos de acabar con la dictadura de Maduro, la están consolidando.

Con Corea del Norte, la pantomima de las cumbres con Kim Jon-un no han logrado otra cosa apenas que legitimar como interlocutor a la dictadura más implacable de cuantas existen en los cinco continentes. Con Irán, lejos de procurar en la distensión, imprescindible para la seguridad en la Zona, rompe el tratado que frenaba el desarrollo nuclear y para arreglarlo amenaza a los fanáticos ayatolas que gobiernan enviando a un contingente naval a patrullar sus costas.

También en el Próximo Oriente, para 'contribuir' a resolver el conflicto palestino-israelí, traslada la embajada de Tel Aviv a Jerusalén como reconocimiento de la ciudad como capital de Israel. Además de redondear el gesto, declarando la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, el territorio sirio ocupado durante la Guerra de los Seís Días.