El mal de no moverse

ÁNGEL ESCALERA

Cuando no había ordenadores, teléfonos móviles, consolas, tabletas y demás ingenios tan útiles como diabólicos, la gente se movía más. La tecnología nos aporta agilidad en los dedos, pero nos mantiene como estatuas vivientes. Somos carne de sofá. Hay gente que no da un paso ni para coger un billete del suelo. En este mundo en el que las verdades y las mentiras dependen del color con que se mira hay algo irrefutable: mientras que unos se mueren de hambre otros se van para no volver con el estómago demasiado lleno y la digestión sin hacer. Nadie escarmienta en barriga ajena, aunque la suya llegue antes a cualquier parte que sus pies. Aproximadamente, el 60 por ciento de la población española tiene sobrepeso y obesidad, una circunstancia que guarda una relación directa con comer más de la cuenta (la llamada comida rápida acelera las cifras de gordura) y con el sedentarismo. La falta de ejercicio físico es el doble de preocupante que una alimentación poco saludable. Que los adultos sean de natural poco dados a coger el coche de San Fernando (en el que se va unas veces a pie y otras caminando) está mal, pero más grave es que haya niños que no sepan correr y casi ni andar, como ha quedado evidenciado en un proyecto de investigación que desarrollan profesionales del Hospital Regional Carlos Haya y del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (Ibima), en que participan 130 menores, de 36 colegios malagueños, con edades comprendidas entre los cuatro y los nueve años.

Los niños, que deberían ser de naturaleza inquieta, han cambiado no solo el escenario de sus juegos (la chiquillería ya no hace de las suyas en calles y plazas), sino que el modo de divertirse es diferente. Pegarle patadas a un balón, montar en bicicleta o subirse a los árboles ya no se lleva. Ahora lo que priva es tener el último modelo de móvil, la 'play' más cara o el ordenador que más prestaciones ofrece. Y así nos va. De mal en peor. En el estudio citado, el 82 por ciento de los padres rechazó que sus hijos participasen. El argumento esgrimido fue que no veían la obesidad como un problema de salud. Tal vez cuando esos progenitores se den cuenta de su error ya sea demasiado tarde. Las pruebas hechas a los menores demostraron que una parte de ellos tenía el colesterol, los triglicéridos y la glucemia elevados, unos parámetros que, un año más tarde, se han vuelto normales gracias a una alimentación saludable y al ejercicio físico. El sedentarismo mata. Es conveniente tener claro que una buena caminata, además de barata, sirve para combatir las enfermedades.

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