Mosqueo llama a mosqueo

Ana Barreales
ANA BARREALES

No tengo claro si ahora hay mucha crispación o es simplemente que nos enteramos más. Lo cierto es que los altavoces de las redes sociales generan un calentamiento globlal, y no me refiero al climático, que es contagioso: mosqueo llama a mosqueo.

Es curioso que gente que no dice en voz alta todo lo que se le pasa por la cabeza va y lo suelta en Twitter por escrito para que lo lean personas a las que no les interesaría su opinión si fuese mínimamente sensata. Es decir, cuanto mayor sea la salida del tiesto, más difusión. Cuanto peor, mejor. Solamente así se explica que cualquier estupidez se convierta en una crispación global. Ya lo decían los analistas de Gran Hermano y otros realities, que aislados de la realidad todo se magnifica. Algo parecido ha pasado con el comentario de Anabel Alonso sobre Albert Rivera en el que la actriz retuiteaba una información titulada: «Albert Rivera, ingresado por una gastroenteritis aguda, probablemente por salmonella» con el siguiente comentario: «Hay cosas que son difíciles de digerir». Está mal. Se ríe de una persona que está enferma por una situación en la que es víctima y que no tiene nada que ver con su gestión como político. Y demuestra mucha falta de ingenio y ganas de tocar las narices, porque mira que hay últimamente cosas por las que criticar a Ciudadanos. Pero no deja de ser una ironía que no tiene ni puñetera gracia y que tampoco es para hacer un drama como si estuviera ensañándose con los moribundos de la humanidad. Anabel Alonso es una actriz y sus opiniones sobre Rivera o sobre cualquier otra persona no tienen ninguna trascendencia salvo para los que les importe su opinión. A los defensores de Ciudadanos parece ser que les resulta muy relevante lo que piensa Alonso. O más bien, que se sienten cómodos viviendo a la contra, presentándose como víctimas frente al mundo.

Les pasó en el Orgullo, cuando (muchos) les pitaron por ir con la pancarta de su partido a un sitio en la que se leía un manifiesto que no habían querido firmar y donde, según denuncian, sufrieron por parte de (algunos) «lanzamientos de objetos, insultos y escupitajos». «Violencia extrema», para ellos. El informe policíal dice que «no hubo agresiones» y que no siguieron las recomendaciones de los agentes. Mi conclusión: Pitos o sentada, sí; la violencia, aunque sea leve, nunca se puede justificar. Pero ir a una manifestación no es obligatorio y cuando no se comulga con lo que se reivindica allí resulta absurdo.

Todo el mundo tiene su carácter, pero dejando a salvo la dignidad hay muchas ocasiones en las que se puede elegir entre sentirse aludido y cabrearse o dejar pasar el comentario y confiar en que los cuatro gatos que lo lean tienen criterio para decidir por sí mismos si les parece una opinión impresentable. No es necesario poner altavoz a las majaderías. Y si la tentación de contestar es muy grande, casi mejor un mindfulness al mismo nivel intelectual con un mantra: bota, retoba...