Morir de éxito

España ha sufrido una transformación sin igual en muy poco tiempo, pero lo que no cambia es el tirón de Málaga

José Miguel Aguilar
JOSÉ MIGUEL AGUILAR

Aquél, dichoso, que hubiera realizado con la primavera avanzada un viaje largo allende los Pirineos de cincuenta y tantos días de duración pensaría haber errado la entrada de la frontera por la que atravesó un país que creía el suyo y verlo tan cambiado en tan poco tiempo. Jamás en cuarenta años de democracia vimos un vuelco tan acentuado en la política española, marcado a fuego por la moción de censura del 1 de junio que hizo rugir hasta a los leones que protegen el Congreso de los Diputados, y culminado con el relevo de Rajoy el 21 de julio después de los días más convulsos en el principal partido del centro-derecha desde tiempos que ni los más viejos del lugar recuerdan. ¿Cómo explicar esa alteración de lo presuntamente establecido durante tantos años? Aún andan los politólogos intentando comprender esa transformación a izquierda y derecha del espectro nacional. Porque un cambio llevó al otro, como dicta la lógica, y el auge del PSOE conlleva la caída de su oponente natural, el PP, arrastrando a su compañero de la acera izquierda, Podemos. Hasta el CIS, cocina incluida más preparada que la de la olla en invierno, viene a reflejar el adelanto del PSOE, el retraso del PP, el estancamiento de Ciudadanos y la cuesta abajo emprendida tiempo ha por Podemos.

Hoy todos los socialistas, otrora desencantados con un partido acostumbrado a la división entre familias, barones y corrientes, hablan maravillas de Pedro Sánchez, un líder forjado en los contratiempos desde sus inicios, hecho a sí mismo, vitorean; los populares mascullan ahora que Pablo Casado era el presidente que necesitaba el PP, pese a que Soraya Sáenz de Santamaría fue la más votada por sus militantes y era la más querida hasta hace bien poco, o mejor dicho, mientras tenía el poder que da una vicepresidencia del Gobierno y el dominio de las altas esferas del Estado; la evidencia del muro que separa en Andalucía a Teresa Rodríguez de Pablo Iglesias es cada día más notoria, mientras es un secreto a voces que Albert Rivera e Inés Arrimadas no se llevan tan bien como aparentan... En fin, cosas de la política, que tampoco es para llevarse las manos a la cabeza. Peores cosas se han visto.

Lo que no cambia es la fortaleza de Málaga pese a los inconvenientes que nos asaltan cada verano. Es imposible adivinar el secreto de este rincón maravilloso en el que nos ha tocado vivir y disfrutar cuando vas a la playa y las natas te invitan a darte la vuelta, cuando no vomitar de la imagen tan dañina para la vista, o cuando las medusas hacen inviable el baño en todo el litoral, que son muchos kilómetros, eso sin tener en cuenta esos días de terral en los que amagas con irte lo más lejos posible si fuera posible cambiar el mes de vacaciones. La atracción de Málaga está por encima de cualquier plaga, aunque no estaría mal que empezáramos a corregir aquello que nos incomoda a los que alabamos sin ambages a esta tierra. Vivir acomodados es sinónimo de morir de éxito. Y de lo que se trata es de vivir, y vivir bien.

 

Fotos

Vídeos