Morir de amor

Camilo Sesto entendía la puesta en escena del mismo modo en que lo hacen las grandes divas

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Para los que alcanzamos el uso de razón a partir de la década de los noventa, Camilo Sesto ha formado una parte indisoluble de la cultura popular pero todo él nos ha venido con un envoltorio 'kitsch' que le hacía todavía más irresistible. Luego descubrimos que, más allá de sus grandes éxitos, Camilo ha sido un autor incansable, compositor e intérprete de unas letras profundas que casi siempre hablaban de amor. Protagonizó el escándalo con 'Jesucristo Superstar' y ha hecho algo para recordar a los que dicen que hoy se hacen canciones como churros: lanzar al mercado cuarenta discos de los cuales vendió más de 70 millones de copias. Pero, por encima de todo, ha hecho una cosa muy importante que es formar parte de una tradición española tan típica como la tortilla de patatas: cantar «vivir así es morir de amor» desgañitándonos borrachos a las tres de la mañana en una boda.

No le hemos visto embarcarse en grandes giras pero sí alcanzando una decadencia cada vez más notable. En medio, vivimos un indescriptible intento de acercarse al público joven llamado 'Mola mazo', que para colmo fue un éxito, y una de las ruedas de prensa más míticas de la historia. En ella, anunciaba su regreso con sus últimos conciertos y un disco sinfónico (cada vez que salía en la tele, era una reaparición). Aquello fue lo más parecido que hemos tenido en nuestro país al anuncio del 'This is it' de Michael Jackson. Entonces nos dimos cuenta de que su cualidad de superhéroe venía por varios lados. Uno de ellos era que Camilo Sesto ha sido la única persona con vida en el mundo cuya réplica en el museo de cera tenía mejor aspecto que él.

Aunque según las hemerotecas ha sido un mujeriego incapaz de consolidar una relación estable conocida, lo cierto es que Camilo Sesto siempre albergó una ambigüedad sexual dentro y fuera del escenario que también estaba latente en muchos otros cantantes de su palo. La pluma parecía estar entendida como un signo de elegancia o como un gesto de distinción. Así atrajo a todo el mundo, convirtiéndose a la vez en una especie de 'sex symbol'. Esto se explica muy bien al principio de 'Detrás del candelabro', el telefilme que dirigió Steven Soderbergh sobre Liberace, protagonizado de manera impresionante por Michael Douglas. Allí un rejuvenecido Matt Damon asiste por primera vez a un concierto de la estrella y pregunta: «¿Cómo a estas señoras puede gustarle algo tan gay?», a lo que alguien le responde algo así como: «Porque no saben lo que es gay». Camilo Sesto era uno de esos míticos intérpretes de canción ligera que entendían la puesta en escena del mismo modo en que lo hacen las grandes divas. El 8 de septiembre, su muerte le convirtió en una estrella indestructible.