Un momento crucial

Quiero llamar la atención de los nuevos gobernantes de que es el momento de que Málaga tenga el tratamiento que en justicia le corresponde por sus características singulares

Un momento crucial
FEDERICO ROMERO HERNÁNDEZExsecretario municipal e Hijo Adoptivo de Málaga

Desde que nuestra Constitución optó por la creación de las Comunidades Autónomas como medio de articular el sistema territorial en España, nuestra ciudad se ha visto privada de un tratamiento adecuado por su singularidad en el esquema organizativo del Estado. El hecho de que las Administraciones locales hayan sido preteridas en el momento en el que la moda descentralizadora irrumpió con fuerza al nacer un nuevo sistema político, preocupado más por la oportunidad de desmontar cuanto antes el Estado anterior, acusadamente centralizado, y de dar respuesta –insatisfactoria para unos y otros como se ve- a las aspiraciones, más o menos legítimas de las llamadas nacionalidades históricas, lo ha propiciado. A ninguno de los partidos, hasta hace poco polarizados en el bipartidismo, y a ninguna de las grandes ciudades, favorecidas por el premio de la capitalidad autonómica, les ha interesado en absoluto contemplar el caso singular de nuestra ciudad, aunque en muchas ocasiones sus Alcaldes, de diverso signo político, alzaran la voz reclamando una adecuada respuesta a esa singularidad. Sería demasiado fácil despachar esas aspiraciones, calificándolas de aldeanas, sospechosamente interesadas o irracionales.

Por lo que respecta a Andalucía, el entramado clientelar de San Telmo tampoco estaba demasiado inclinado a facilitar las medidas desconcentradoras que contribuyeran a mejorar la descentralización en vigor, para que ello pudiese contribuir a reequilibrar la distribución del poder administrativo regional, pues tal cosa supondría mermar las facilidades de control.

No es necesario volver a reproducir aquí argumentos objetivos, por todos conocidos, de las especiales características del caso malagueño. Me remito a los datos del INE: sexta capital de España, sin ser, sin embargo capital, autonómica; un área metropolitana singular – con casi un millón de habitantes- que constituyen un importantísimo motor económico para toda Andalucía; un PTA semillero de empresas innovadoras; un importante aeropuerto internacional y relevante puerto de cruceros; una urbe con un despegue cultural extraordinario, reconocido así por toda la prensa internacional. Frente a esos datos positivos -que hubieran merecido al menos unas actitudes compensatorias por parte del poder central andaluz, facilitando acciones públicas e inversiones que aprovecharan o incrementaran el potencial desarrollado- al escaso o nulo apoyo político comunitario andaluz, han de sumarse un cúmulo de actitudes dilatorias, cuando no entorpecedoras, que no solo han restado vigor a los esfuerzos, sino que han constituido verdaderos obstáculos para ultimar, en tiempo y forma, los proyectos. La historia de la proyección y ejecución del demandado Auditorio, es un ejemplo paradigmático de un proceso kafkiano, digno de figurar en las facultades universitarias como referente negativo de la colaboración interadministrativa. La prolongación de las obras de ejecución del Metro – ¡«Kilómetro diría yo y quedárame menguado»¡- son tan alargadas en el tiempo, que uno no sabe si atribuirlas a la maldad, a la incompetencia o a la reaparición de los fantasmas del subsuelo de la ópera. A veces, la trama de las administraciones públicas y privadas es tan complicada, que tiene uno escrúpulos a la hora de atribuir la autoría de la causa de los desmanes. Pero, a todas estas causas ha de unirse una constante actitud de ir cercenando puestos directivos con capacidad decisoria en el ámbito malagueño, dentro del esquema organizativo de la Comunidad. Una deriva tan silenciosa como constante. Unas veces culminada y otras no. En el llamado «Palacio de la tinta» –donde residía la Confederación- no hay ya una presencia relevante relativa a la anterior Cuenca Hidrográfica del Sur. Las cuestiones se dirimen en Sevilla. El encauzamiento del Guadalhorce sigue esperando decisiones inaplazables. No entro en el confuso tema competencial del control de nuestro Aeropuerto, porque finalmente no llegó a término el intento de relegar dicho control a las labores de aproximación.

Quién me haya leído hasta aquí se habrá dado cuenta de que no trato de proponer un aumento de consejerías –ni siquiera de Turismo–, delegaciones u organismos, porque precisamente siempre he sido partidario de adelgazar la burocracia hasta lo estrictamente necesario. No me parece honesto mantener innecesarios puestos de empleo listos para ser ocupados ahora por los del turno malagueño. Tampoco se trata de, haciendo leña del árbol caído, aprovechar el cambio para caer en el mismo localismo que critico. Simplemente quiero llamar la atención de los nuevos gobernantes de que es el momento de que Málaga tenga el tratamiento que en justicia le corresponde por sus características singulares. Se trata de neutralizar una actitud partidista que, alentada por el chovinismo de algunos sevillanos, frenó el desarrollo imparable de la ciudad y que al empuje del sector privado acompañe la conveniente presencia en un sector público que no solo no frene sino que facilite dicho desarrollo. Se trata de ser conscientes de que Andalucía debe ser contemplada con amplitud de miras, dentro de un mundo globalizado en el que el dimensionamiento adecuado de las áreas de actuaciónproduzca la conveniente sinergia multiplicadora que favorezca al conjunto de sus habitantes.