El modelo portugués

ANTONIO PAPELL

En su pugna con el presidente del Gobierno en funciones y secretario general del PSOE, Pablo Iglesias repite estos días una disyuntiva que no se ajusta a la realidad. En su afán por conseguir pactar con Sánchez un Gobierno de coalición en que Unidas Podemos ostente las carteras que proporcionalmente le correspondan según los respectivos pesos parlamentarios y en que él mismo obtenga una posición relevante, señala a la realidad europea y afirma que, frente a unos Gobiernos monocolores en que un solo partido gobierna con mayoría absoluta, en una veintena de países el Ejecutivo está sostenido por varias organizaciones políticas, por lo que han debido aceptar la cultura de la coalición, que en algunos casos está muy asentada. Es esta una verdad a medias porque, junto a coaliciones como la italiana -la Liga gobierna con el M5S-, hay Gobiernos en minoría monocolores, como el portugués, formado exclusivamente por representantes de ese partido, que se sostiene gracias al apoyo pactado con otras formaciones con las que hay suficientes puntos de coincidencia para tal ligazón pero demasiado pocos para formar conjuntamente un Gobierno unitario y homogéneo. Como es conocido, el Gobierno portugués presidido por el socialista Antonio Costa, que se impuso mediante una moción de censura en noviembre de 2015 contra el conservador Passos Coelho que ganó las elecciones con 89 escaños pero que no reunió los apoyos necesarios, se ha apoyado en sus 86 escaños propios en el Parlamento nacional, a los que añade -no sin intensas negociaciones, a veces muy duras- los votos de tres formaciones más: el Bloco de Esquerda (BE), con 19 diputados; el Partido Comunista de Portugal (PCP), con 17; y el Partido Ecologista Os Verdes (PEV), con 1. Dicho Gobierno de izquierdas, que resolvió la rivalidad histórica entre el socialismo y el comunismo, ha mantenido una ejecutoria universalmente elogiada: ha completado el rescate, ha enderezado la economía portuguesa logrando tasas anuales de crecimiento superiores a la media de la eurozona, ha reducido el déficit casi hasta el equilibrio, ha bajado el desempleo hasta el 5%, ha incrementado espectacularmente el salario mínimo y los servicios sociales... Tan buena es la impresión que los analistas prevén que el Gobierno pasará con buena nota las elecciones generales de este próximo otoño. Pero Portugal no es una excepción: en Dinamarca, acaban de formar gobierno los socialistas... también en solitario. Los 48 diputados socialdemócratas, unidos a los de sus tres socios -social liberales, socialistas y rojiverdes- contarán con mayoría absoluta. La conclusión es obvia: si no priman la ambición de poder y la aspiración a los cargos, un Gobierno en minoría sustentado por un pacto programático es una fórmula plenamente normal en nuestra Europa. No es la única pero probablemente sea la más ágil y funcional.